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Entrevista Desde ESPAÑA con MAFALDA GALDAMEZ.
Directora de formación de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI – Chile) VÍA CAMPESINA.
Mafalda Galdamez, Directora de la Asociación Nacional Mujeres Rurales e Indígenas, nos ofrece su testimonio sobre la situación de las políticas públicas para la equidad de género en su país. Se centra en temas tan claves como la participación de las mujeres rurales e indígenas en los espacios de toma de decisiones y en el desafío que tienen, tanto las organizaciones de mujeres como el gobierno, para incorporar el tema de la economía de los cuidados en sus agendas. A través de su experiencia de trabajo en ANAMURI, organización feminista que trabaja en la defensa y promoción de los derechos de las Mujeres Rurales e Indígenas, nos relatará los factores que dificultan o favorecen el liderazgo de estas mujeres y las estrategias de la organización en su trabajo de incidencia política.
¿Qué opinión tienes sobre las políticas públicas para la equidad de género que se están desarrollando en Chile?
En materia de políticas públicas en equidad de género, Chile está suscrito
a los convenios internacionales que tienen que ver con el respeto a los
derechos humanos y a los derechos que implican la situación de la mujer.
En este sentido Chile firmó el Convenio de la CEDAW, por lo tanto, los
gobiernos de la concertación, siendo consecuentes con esa firma, han tratado
de llevar medidas al interior del país en la equidad de género y han
elaborado programas que tienen que ver con mejoramiento en el tratamiento de
género en los distintos ministerios. En el gobierno anterior se creó el
Decenio del Plan de Igualdad de Oportunidades. Este Plan de Igualdad va del
2000 al 2010 y ha atravesado distintos gobiernos. Comenzó con el gobierno
anterior y terminó con el gobierno de Mitchell Bacheller.
¿Cuáles son los avances logrados en este sentido?
Ha habido avances, fundamentalmente en el tema de los derechos humanos,
en el tema de establecer medidas para la no discriminación, establecer
medidas para implementar programas de apoyo a las mujeres en situación
de discriminación social, económica y laboral. Por ejemplo, se firmó
un convenio con el Ministerio de Vivienda que otorga un puntaje mayor
a los programas dirigidos a las mujeres jefas de hogar, que son las
mujeres que están dirigiendo económicamente el hogar. Se otorga un
puntaje mayor para que puedan postular a un subsidio de vivienda, que
se otorga por única vez a todas las familias para que tengan su
vivienda propia.
También a través del Ministerio de Bienes Nacionales se creó un programa dirigido
a que las mujeres puedan optar a la propiedad de la tierra. ¡Antes jamás fue posible!,
si quedaban viudas no tenían derecho a ser propietarias de la tierra. En este momento
hablamos de producciones pequeñas, porque las mujeres nunca fueron latifundistas.
Para el desarrollo de estas políticas hay un control social y lo hacen las organizaciones. Sobre todo en las regiones se ejerce mucho el control social, frente a un programa llamado
de “mejoramiento de género”, que atraviesa a todos los Ministerios. Son programas que se
instruyen a través de la Secretaría de la Mujer y se instruye en qué los ministerios van a
aportar a este programa de mejoramiento de género.
Me has hablando de los avances, pero ¿se han producido retrocesos que afecten a los derechos de las mujeres?
Los derechos sexuales y reproductivos no están en la agenda oficial. Sin embargo,
existiendo un problema social poblacional, donde por una falta de educación sexual
en los colegios, una falta de una educación sexual abierta, pública y laica a nivel
de país, se dan muchos embarazos de adolescentes. El tribunal prohíbe la píldora
“del día después” en los consultorios, donde el acceso a los métodos anticonceptivos
es restringido, tiene un límite, una capacidad de acuerdo
al presupuesto nacional.
No hay estadísticas de mortalidad de mujeres por
aborto, pero ha disminuido mucho. El movimiento de mujeres está pensando
en una educación abierta sexual desde temprana edad en los colegios,
que sea una cosa natural, que no sea un tabú. Hay que terminar con estas
barreras ideológicas que tienen que ver con tu vida, tu cuerpo, tu sexo,
porque llevan a todos estos obstáculos que hacen que las niñas tengan que
practicar sexo en lugares inadecuados, sin control para quedar embarazadas...
Queremos una prevención sana, natural, y queremos una educación sexual acorde
a su sistema laico, que no se meta la iglesia a dirigir la educación sexual
en los colegios porque la iglesia en los colegios sí la está dirigiendo.
Ha habido una avanzada de la iglesia y de los movimientos más fundamentalistas
y un retroceso en los derechos sexuales y reproductivos y ¡eso aumenta la pobreza!
Esto tiene que ver directamente con la economía de los cuidados.
Hablando de la economía de los cuidados, ¿cuál es el avance en el país respecto a este tema?,
¿cómo se está articulando dentro de la agenda del gobierno?
No es tema de la agenda del gobierno, ni siquiera está en la agenda ministerial
que tiene que ver con las mujeres. Y en las organizaciones de mujeres es un
tema incipiente que se está tratando hace no más de 3 años. Lo estamos recién
comenzando a tratar desde el punto de vista de lo que significa para la mujer
la triple carga laboral, que consiste en el trabajo, el hogar y el cuidado de
otras personas, que les llegan por consecuencia directa por su posición de pobreza:
cuidar a la gente mayor; cuidar a los niños que ya no son hijos, son los nietos;
cuidar a los enfermos…
Las mujeres en Chile son muy jóvenes abuelas. Hablamos de mujeres que desde los
30 años ya son abuelas. El embarazo adolescente empieza a los 13 años y en Chile
ya las familias son extensas hace muchos años. Desde este punto de vista puede
que el gobierno haya metido más recursos para hacer programas de subsidio a
estos fenómenos que se han dado de la pobreza, pero son programas subsidiados,
cortos en el tiempo, que te duran un año. Son programas que nosotras llamamos
“medidas de parche” que no terminan con la estructura de la pobreza.
En Chile es muy poco probable que las famillas pobres salgan de su pobreza
porque el círculo se repite generación tras generación. Y el acceso a la
educación también es privado. Nosotras sabemos, como organizaciones, que la
educación es el instrumento básico para la superación de la pobreza. En
la medida en que un hogar puede sacar a un hijo con su educación completa,
puede sacar una buena profesión, ese hijo podrá tener un pensamiento distinto
y una actitud distinta frente a esa situación de pobreza que está dejando en
ese hogar donde nació.
Ya que la economía de los cuidados es un tema incipiente, ¿cuáles son los desafíos del Movimiento de Mujeres en relación a este tema?
Como un desafío debiera ser que las organizaciones de mujeres lo pongan en un
punto de su agenda como un punto también prioritario dentro de las necesidades
para la superación de la pobreza. Porque el Estado tiene que tomar conciencia
de lo que significa para las mujeres asumir esta flexibilidad y precariedad
laboral, más aún con la recarga de lo que significan los cuidados.
Y desde el punto de vista de una organización como la nuestra, que representa
a mujeres rurales principalmente y indígenas, en esto tiene una connotación
absolutamente ligada al trabajo, porque el trabajo de las mujeres es un trabajo
que liga la economía del cuidado principalmente en las madres mayores, de
avanzada edad y en las hijas. Son estas últimas las que tienen que asumir cuando la madre se va a trabajar a una
región. La hija mayor es la que queda a cargo del cuidado de sus hermanos y en
Chile es frecuente ver hogares de una hija mayor que tiene 17 años con un niño
de brazos por la etapa de fertilidad que tiene la mujer. Y en el ámbito rural
se da a veces que madres e hijas están pariendo juntas.
¿Y quién asume el cuidado del hogar? Es la niña que estudia y que además tiene
que asumir el cuidado de sus hermanos menores mientras la madre trabaja de sol
a sol porque es la temporada, tienen que trabajar desde las 6 de la mañana hasta
las 12 de la noche en horario continuado porque el periodo de la fruta no espera.
La fruta se corta, se embala y tiene que salir en su tiempo.
ANAMURI, organización en la que trabajas, ¿tiene previsto introducir el tema de la economía de los cuidados en su agenda de incidencia?
Nosotras hacemos campaña de sensibilización en el tema de los derechos laborales, en el
tema de los derechos de la salud y de previsión social. ANAMURI está haciendo campaña
todavía en la economía del cuidado, porque en la práctica nosotras no lo hemos teorizado,
hay que ser honestas. Como organización hemos teorizado otras cosas. Pero el tema de la
economía de los cuidados es un desafío porque tenemos que teorizar y tomar desde otras
experiencias y estudios, cómo nos afecta a nosotras y cómo nosotras podemos entregar una
propuesta clara frente a este tema.
En cuanto a la lucha de las mujeres por ganar espacios en los ámbitos de poder, ¿cuáles han sido los principales logros del movimiento de mujeres?
Las mujeres en términos políticos si que han avanzado en espacios políticos desde
los espacios locales. Como en todos los países aquí funciona esto de la pirámide,
donde en la base siempre hay mayor participación y en la medida en que se avanza
despacio cada vez son menos las mujeres que acceden a los espacios de poder más altos.
Pero ha habido cambios en términos significativos de mujeres que se incorporan al mundo
de la política en los espacios municipales, pero en los espacios del parlamento no ha
habido grandes cambios, porque el número de parlamentarias, diputadas y senadoras es
insignificante en relación al total.
Además tenemos parlamentarias que no están ganadas
para nada para la causa feminista, son parlamentarias de derechas. ¡Son contadas con los
dedos de las manos las parlamentarias a las que les podemos presentar un proyecto de ley
sobre derechos sexuales y reproductivos para que nos apoyen y lo presenten! Solamente
tengo en este minuto un sólo nombre: María Antoñeta, que siendo feminista,
exdiputada y ahora parlamentaria, es la única que ha presentado proyectos de ley en
defensa de las mujeres. Está también Adriana y te digo que las conocemos y las ubicamos
también por lo pocas que son.
En los espacios locales, municipales, sí que hay una conciencia cada vez más grande que
las mujeres tienen que luchar por empezar a participar en la política, local, en la
regional; en aquellos espacios que les son más cercanos. Nosotras, como ANAMURI, hemos
educado bastante para eso, las organizaciones locales han tenido candidatas ahora a
concejalas, candidatas a las alcaldías. No hubo un mínimo éxito de que van a quedar
dos personas en esta nueva elección, pero si tuvimos el respaldo de cinco Anamuris que
ya estaban elegidas concejalas y que fueron reelectas. Esto es importante para nosotras
porque significa que lo hicieron bien y la votación de otras candidatas también fue
significativa para ANAMURI porque quiere decir que también ellas tienen reconocimiento
de sus lugares.
Ahora, decirte que son todas de distintos partidos. Lo que las une es
que son socias de ANAMURI. Lo que les hemos enfatizado en esta formación política es
que ellas tienen que defender principalmente la causa social, que es la causa de ANAMURI
y que el partido les sirve a ellas para acceder a estos espacios de poder, pero que ellas
siempre tengan su camiseta puesta de ANAMURI y que cuando el partido le diga “haz tal cosa”,
ellas tienen que mantener cierta política de autonomía para decir “sí, pero esto no es por
lo que yo voy a luchar”.
¿Tienen trayectoria feminista?
La mayoría de las candidatas en estas elecciones no tienen trayectoria feminista.
Son mujeres de organizaciones de base y que no están en el movimiento feminista y
se sienten identificadas sólo con ANAMURI. ANAMURI es una organización feminista pero
no todas sus mujeres lo son. Y es que nosotras representamos a un movimiento amplio de
mujeres diversas, distribuidas en distintos espacios de representación y en esos
espacios no existe la causa feminista como eje principal. Son mujeres que han traspasado
espacios ya de liderazgo y que han entendido que ellas tienen que luchar por emancipar
a las mujeres en estos espacios en los que se mueven. Muchas veces siendo feministas en
su planteamiento práctico no son capaces todavía de teorizar que aquí hay una causa que
es feminista. Para nosotras es un trabajo muy arduo.
¿Qué tipo de liderazgo se está creando?
Nosotras queremos crear liderazgos para la causa feminista, pero ellas dicen que
“¡yo no soy feminista, que yo no estoy en contra de los hombres!” y nosotras
les decimos “¿usted me ve en contra de los hombres? No, yo tengo marido,
tengo pareja, tengo hijos y me siento feminista”. Así con ejemplos prácticos
les vamos desmontando esta historia de lo que le han metido: “que el feminismo
es malo, que es asunto de lesbianas, que ser feminista es de locas…”, decontruyendo mitos.
¿Con qué dificultades os encontráis para crear liderazgos para la causa feminista en el caso de mujeres indígenas?
La mayoría de las mujeres indígenas son mujeres que pertenecen a una organización mixta y a ANAMURI,
tienen doble militancia. Ellas son lideresas en sus organizaciones territoriales mixtas. Ellas, en la
mayoría de los casos, cuando son de ANAMURI llegan a acceder a espacios de toma de decisiones, de poder
y es una lucha permanente porque hay una constante contradicción, porque tenemos que aclarar el por qué
están en ANAMURI. Muchas no llegan a ANAMURI porque en sus organizaciones indígenas les dicen que tienen
superado el tema de género, que tienen una cosmovisión diferente y que hombres y mujeres son iguales y
nosotras sabemos que eso no es verdad. La concepción machista todavía impera en las comunidades indígenas.
Y las comunidades que traspasan esto son aquellas en las que las mujeres acceden a posiciones de liderazgo
dentro de sus organizaciones, pero es un tema que tiene mucho camino por recorrer. En este sentido
compañeras indígenas de organizaciones mixtas nos cuentan que están implementando el enfoque de género
en su trabajo y que es su principal lucha.
Desde ANAMURI ¿cómo hacéis para que las mujeres del ámbito rural y mujeres indígenas conozcan y se involucren en vuestro proyecto?
Hemos tratado de fortalecer bastante en los espacios de participación natural, no andamos detrás
de las mujeres sino que cuando llega alguien porque su organización quiere asociarse a ANAMURI,
les decimos que es un proceso, que somos una organización política y no de manualidades, porque
llegan buscando siempre el apoyo productivo. Nosotras entregamos la política ideológica de lo que
significa ser una mujer trabajadora y organizada en Chile. Por lo tanto, la principal característica
nuestra es que no es una organización de apoyo productivo, porque no hacemos lo que hace por
ejemplo el gobierno con su institución PRODEMU, que es una escuela de mujeres que entrega
recursos para que trabajen sus frutos, si tienen aceitunas, para que hagan aceite de olivo…
siempre manualidades. Están con la idea esta de lo que se hablaba antes del pequeño empresariado.
Nosotras queremos desmitificar esto porque las mujeres nunca van a tener competencia con el
sector empresarial. Hemos sido categóricas en esto al decirle al Estado que no las ilusionen
en algo que no existe, ahora han bajado el nivel y hablan del micro-emprendimientos, que es
más accesible a la realidad. Nosotras no tenemos recursos para entregar créditos a la mujer.
Entonces, en primer lugar, aclaramos que lo que le vamos a ayudar es a que ella aprenda a
gestionar, elaborar sus proyectos y a interlocutar con el Estado de forma que no la condicione,
la capte para que diga "yo soy PRODEMU…" Porque es una institución gubernamental que va a pasar,
pero su concientización le quedará siempre, sea el gobierno que esté. Eso es lo que tienen que
valorar de ANAMURI. Les enseñamos a apropiarse de su autoestima, de su capacidad personal para
aunarlas en un colectivo para sumar fuerzas.
¿Qué factores dificultan o favorecen el liderazgo de las mujeres en el ámbito rural?
Desde el espacio rural donde nosotras trabajamos decirte que la participación política de la
mujer rural ha tenido una llegada tardía. Para las mujeres rurales es un proceso emergente que
no va más allá de 20 años y que ha ido creciendo. En Chile los sectores rurales están desvinculados
unos a otros por las distancias y los factores de articulación del movimiento rural han sido tardíos
por el problema territorial y porque el país ha estado centralizado en la capital y grandes ciudades.
La descentralización ahora ayuda. Ayuda porque el país ha tenido una política de género que tiene que
ver con los convenios internacionales y de descentralización. Eso ayuda a que podamos llegar a los
sectores mas lejanos y decir que legítimamente tenemos derecho a acceder a estos espacios de capacitación,
de poder y ejercicio político. Eso ha facilitado que la mujer rural se incorpore a esta emergencia
política. Pero el proceso ha sido lento.
La principal barrera que tienen que derribar las mujeres indígenas es su propia organización
indígena territorial. Su principal referente es su identidad por lo que el espacio feminista
es lejano y hay mujeres que no se plantean la lucha feminista, siendo lideresas dentro de su
organización. Para ellas su principal lucha es la lucha de la tierra y sus reivindicaciones
como pueblo, por lo tanto la otra lucha es secundara. El movimiento feminista de Chile no está
tampoco trabajando la participación indígena, nunca se lo han planteado y no es un tema de agenda.
Somos la única organización en Chile que representa de carácter nacional a mujeres rurales e indígenas,
somos 5000 mujeres adscritas.
¿Cómo es vuestro trabajo de incidencia política?
Hacemos incidencia de choque, tenemos un grado de incidencia que va en la formación
y sensibilización para que el Estado escuche nuestras demandas. Tenemos una gran
incidencia en el Estado porque nos respeta por nuestra capacidad de trabajo
que es productivo, transparente y que ha sido cada vez más creciente. Asisten a
nuestras convocatorias y escuchan nuestras demandas. El empresariado está presente
en las mesas del trabajo y participan también el ministerio de agricultura, el ministerio
de la mujer, el de la salud y el de trabajo. Allí está la representación ministerial,
social y empresarial. Además hacemos marchas de protesta, convocatorias de movilización
en las calles de las regiones y en la capital y hacemos documentos, informes, comunicados
públicos y cartas de queja a los ministerios. Les entregamos propuestas en relación a los
derechos laborales (donde entra la previsión social, las condiciones de trabajo) y los
derechos de salud laboral y los derechos sexuales y reproductivos. Si sentimos que no
somos escuchadas hacemos incidencia directa al público y manifestaciones públicas.
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