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Entrevista Desde COLOMBIA con OLGA LUCÍA QUINTERO.
Secretaria general de la Asociación Campesina del Catatumbo, (Ascamcat), Colombia
Olga Lucía Quintero, Secretaria General de la Asociación Campesina del Catatumbo, Colombia, nos habla de su experiencia como lideresa dentro de una organización campesina. Su testimonio da cuenta de cómo la participación de las mujeres colombianas está abriendo paso en la construcción de estas organizaciones, a pesar de las difíciles condiciones a las que deben enfrentarse para construir “procesos de equidad”, en espacios donde la toma de decisiones y de poder han sido tradicionalmente masculinos.
¿Cómo empieza usted a trabajar con Ascamcat?
Me involucré con Ascamcat en la medida en que se empezó a hacer la asamblea y la gente empezó a ver mi perfil y a generar confianza en mí. Entonces, votaron de forma unánime para que yo fuera secretaria general de la asociación, en compañía de Nidia Figueroa, que viene siendo la vicepresidenta como tal.
¿Fue muy difícil en ese comienzo que una mujer fuera dirigente de una asociación de campesinos?
En el caso mío ha sido muy bonita la experiencia porque con los compañeros siempre se trabaja, se habla de esos temas, siempre tratan de comprender y aplican una cierta equidad de género para ese trabajo. Aunque, por más que sea así, siempre se carga un poco el trabajo hacia la mujer, pero ha sido muy bueno.
¿Cómo ha sido esa relación con los compañeros hombres en el trabajo con la comunidad en la región?
Cuando hago los recorridos y cuando estoy en esos espacios, por lo general, soy la única mujer presente. Al principio uno se siente tímido, pero la gente es muy fraternal y lo reconoce desde el comienzo a uno. Ya incluso me reclaman en la región cuando no voy, me dicen: “mantiene más afuera que acá en la región, haga el favor, necesitamos que haga más reuniones acá, que nos gusta cómo nos habla” (risas).
Por fuera de la asociación, ¿cómo la reciben a usted, siendo dirigente de una organización campesina, en otros espacios a los que Ascamcat necesita en un momento dado que usted vaya?
La fraternidad de la gente es muy notoria, mantiene con muchas ansias de saber qué es ASCAMCAT, qué hace, qué pasa en la región. Es muy bueno por esa parte. De pronto, más que como mujer lo ven a uno muy joven y ahí es donde pareciera, a veces, que no hay credibilidad. Es como una teoría de los viejos: que la vejez tiene experiencia, que eso es lo que vale, y la juventud es base de la inexperiencia. Pero no te dan a ti la oportunidad de estar en el terreno y estar en la práctica para tener la experiencia igual que ellos.
O sea que, para algunos casos, ser mujer y ser mujer joven sí es una limitante.
Un poco. A veces me ponen 20 años, cuando tengo 27. Al comienzo me dicen cosas como: “¿y usted tan joven y en éstas?”, pero finalmente les explico y, en la medida que uno va haciendo su trabajo, se va mostrando que esos argumentos no son limitantes.
¿Cómo ve usted las posibilidades para que mujeres campesinas empiecen a ser parte de esos cuerpos de dirección de las organizaciones, que tengan ese tipo de responsabilidades?
Yo pienso que la mujer debe tomar decisiones. Si uno se pone a ver a la mujer campesina cuando se hacen reuniones de junta de acción comunal, su participación es mínima. Sin embargo, nosotros tenemos la Asociación de Mujeres del Catatumbo (ASMUCAT) y hay compañeras muy activas, que quieren trabajar. Sin embargo, estamos todavía en el marco del machismo rural, del machismo campesino como tal, donde la mujer, para dar cualquier opinión, debe depender del hombre. Entonces, con los talleres y con el trabajo que estamos empezando con Humanidad Vigente, esperamos que se vayan mostrando ejemplos y se vayan abriendo brechas para que las mujeres empiecen a tener mayor vocería.
¿Aún influye para las mujeres de la región, entonces, el hecho de que tienen que consultar con el esposo antes de poder tomar cualquier decisión política?
Sí, cualquier decisión, tanto política como familiar. Yo, además de ser dirigente de ASCAMCAT, hago parte de una junta de acción comunal y estoy muy pendiente de las reuniones de padres de familia, a pesar de que no tengo hijos, mirando en qué se puede apoyar: lo que se ve es que las mujeres no pueden decidir sobre sus propios hijos. He discutido con los hombres y ellos lo que dicen es que son ellas. Lo que le digo a las mujeres es que, desde un respeto mutuo entre hombre y mujer, cada uno puede tomar sus propias decisiones y que no hay que estar dependiendo de la palabra del otro para ver si se hacen o no se hacen las cosas.
Cuando se presentan conflictos familiares que afectan el trabajo de la asociación, ¿cómo entra este criterio de igualdad de género a mediar estas situaciones?
Cuando estos casos pasan y se llevan a la junta de acción comunal como tal, hay un comité conciliador que trata de ayudar a que las parejas logren solucionar sus problemas. Sin embargo, si hay maltrato físico y agresiones verbales, lo que se sugiere es que vayan a la inspección de policía y se ponga la denuncia, porque el maltrato no se puede permitir de ninguna manera, pues nos va a generar más problemas a nivel familiar y a nivel personal.
Cuando se habla con los hombres campesinos de la región sobre estos temas, ¿qué tan perceptivos son, qué tanto están dispuestos a hablar y a dialogar?
Los hombres siempre están a la defensiva. Tuve una experiencia en la primera escuela de formación de líderes que tuvimos, donde yo di una clase sobre género, sin saber mucho de teorías pero con lo poco que sé. Los hombres quisieron estar en la clase de género y yo les respondí que podían hacerlo. Hubo una cosa que me llamó la atención y es que las mujeres se quedaron calladas y los únicos que hablaron fueron los hombres: se defendían diciendo que eran amorosos y que respetaban a sus mujeres. Finalmente, me tocó pedirles que se retiraran de la sala porque el taller era de género y sólo se estaba hablando de ellos. Es obvio que tiene que haber hombres y mujeres pero éste es un proceso de educación y de formación.
Cuando no estamos acostumbrados, las cosas no van a funcionar. Después me enteré de que los hombres, ante estas charlas, mantienen muy prevenidos y les dicen a las mujeres: “ahora es que vayan a dar quejas de que las regañan, de que les pegan, de que las maltratan o de que las amenazan porque después nos las vamos a arreglar”. A veces, muchos tienen la concepción de que las charlas de género no van a liberar a la mujer en cuestiones políticas sino que se va a volver un libertinaje, tienen una confusión en los conceptos de liberación y libertinaje como tal.
¿Para ellas es muy difícil que una mujer llegue a hablarles sobre eso?
Me parece que a veces sí. Pero es por el mismo contexto de la región, por el machismo, porque el hombre campesino es un poco machista y, aunque muchos dicen que ellos no lo son, lo que uno percibe es que las actitudes de algunos sí opacan a la mujer.
¿Cuál fue su proceso para llegar a ser secretaria de Ascamcat?
Bueno, yo soy del Eje Cafetero. Debido a las circunstancias de la vida, de la violencia en Colombia, mi familia y yo nos hemos tenido que estar moviendo de un lado para el otro.
Llegamos al Catatumbo a comienzos de 2000 y ya se escuchaba de una masacre, que fue la de La Gabarra. A ese punto, nosotros estudiábamos y la cosa se puso muy delicada en cuestión de seguridad y en cuestión económica y no pudimos continuar con la universidad. Yo estudiaba psicología. Seguimos interactuando en la región y hablando con la gente. Uno se da cuenta de que existe la concepción de que si alguien estudia es ‘doctor’. Me daba mucha risa porque la gente lo trataba a uno diciendo: “doctora, por aquí” o “doctora, por allá”, y lo que yo les decía era “no, yo no soy doctora, ni quiero serlo, simplemente quiero ser amiga de Uds.”. Siempre he sido muy fraternal con la gente, tratando de escuchar y de ser una voz de aliento, y, aunque nunca pensé estar en un proceso organizativo ni mucho menos, luego de asistir a las reuniones y de que se hizo la asamblea, presenté mucho ánimo en los talleres que se hicieron y la gente tal vez notó eso, tal vez por eso se dio la coyuntura para estar hoy acá.
¿Cómo se siente usted como mujer en una organización como Ascamcat en un momento tan difícil como éste?
Me siento bien, más que por el hecho de ser mujer, como persona me siento muy bien porque, sin ganas de brillar ni de protagonizar, trabajo con el ánimo de aportarle al proceso de lucha campesina que se ha venido dando por más de 50 años y ésta ha sido la etapa mía para aportarle a este proceso. Puede que no pueda hacer muchas cosas pero, si ‘con miras largas pasos cortos’, espero poder hacer cosas muy concretas.
Entrevista cedida y publicada en la Revista Comunidad, de HUMANIDAD VIGENTE (nº 4) –Humanidad Vigente- es un equipo de trabajo que ha venido desarrollando un compromiso con la defensa y promoción de los derechos humanos en Colombia, acompañando a comunidades y organizaciones sociales populares en la defensa de sus proyectos de vida y resistencia en medio de contextos de aguda violencia social y política. Dicho compromiso se ha materializado en la educación popular en derechos humanos, la asistencia jurídica integral en violaciones a derechos humanos así como en la comunicación y difusión de la situación en las regiones donde habitan las comunidades que acompaña. En ese contexto, trabajan en el impulso de iniciativas de organización de las mujeres campesinas, como protagonistas del desarrollo y la paz y en torno a la defensa de sus derechos.
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