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Ventanas de Mujeres
Historias de vida

Desde ECUADOR con LOURDES TIBÁN.
Dirigente indígena y Secretaria Ejecutiva del Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador (CODENPE).

La Historia de Vida de Lourdes Tibán es el testimonio, en sus propias palabras, de la actual representante del CODENPE, por conseguir un espacio en la política nacional. Esta dirigente indígena nos relatará su lucha, a través de la ruptura de las reglas familiares y culturales y roles institucionales, para obtener un lugar en los espacios de toma de decisiones; sus retos y desafíos. Su testimonio es una reflexión sobre el sentido de ser mujeres en su propia comunidad, las prácticas discriminatorias que las oprimen y los pasos que dio para superar los obstáculos confrontados en los ámbitos de lo privado y lo público y su esfuerzo por levantar una agenda de mujeres indígenas en el marco de las luchas de los movimientos indígenas.

Soy más que una miniatura.... soy grande

Mi padre es Segundo Miguel Angel, a quien le debo pedir perdón, porque aunque siempre fue un padre bueno, le hice perder su sueño, en la más grande pobreza que vivíamos, le exigía que me regale un real o un sucre para la escuela, y como no me daba, le mataba de iras llorando o faltando a la escuela. Aunque mi abuela fue de un carácter insoportable, mi padre nunca ha sido, ni es un hombre que amenaza o que infunda temor a los hijos, al contrario, en mi casa la jefa era mi mamá.

Mi abuela Simona, fue indígena pura, se vestía de anaco, blusa bordada y sombrero negro, hablaba kichwa y muy poco español, fue soltera hasta su muerte. Tuvo 4 hijos de distintos padres. Una de ellas su hija Maria Rosa Adela, como su padre no le reconoció le puso tres nombres, para que no se den cuenta que faltaba un apellido. El padre de mi madre fue un hacendado, que tuvo más de 120 hijos, algunos por voluntad de las mujeres, porque al tener un hijo del patrón, las mujeres indígenas podían entrar a la hacienda para recibir comida, otras, mejor dicho la mayoría de mujeres, tuvieron hijos del patrón por violación. La historia de mi abuela nunca la supe, sólo se que fue cocinera del patrón y cuando tuvo a la niña le mandó sacando, pero luego como mi madre se parecía tanto al patrón, entonces en vez del apellido le entregó un papelito con su firma para que cada año retire una boteja de cebada del troje del patrón.

Por todo eso entiendo que mi madre me cuidaba que no me deje engañar de los hombres. Mamá sufrió mucho hasta cuando nosotros nos criamos y le comenzamos a defender. Tanto la suegra (mi abuela paterna) como la gente de la comuna le decía que mi madre era "rabuda" por no tener padre, que era "chaupi" indígena (medio indígena) por ser blanquita.

Ahora mi madre tiene 65 años de edad, pequeña de estatura pero inmensa de fortaleza, de vida y de coraje; su vida me ha enseñado a enfrentar la mía sin temores. Nunca aprendió a leer, pero cuando habla, sus palabras describen saberes escondidos y la historia de su pueblo, a través de sus manos se tejen conocimientos e historias que ningún libro alcanzará a recoger. Tuvo 12 hijos, de los cuales 4 murieron, y 8 genéricamente divididos damos gracias a Dios por la vida. Mi mamá ha sido y es hasta ahora la representante política de los hijos en todo nivel, a pesar de estar casi ancianita, es ella la que habla con los visitantes, es ella quien hace el pedido de la mano en cuestiones de matrimonio de los hijos, es ella la que nos reta en la casa; papá es muy silencioso. Papá llegaba de Ambato cada mes o dos meses cuando hacía la platita, pero era mamá quien a costa de todo fue la primera mujer indígena en poner a sus dos hijos en el colegio, eso ya era un paso importante. Los dos, marido y mujer son muy respetados dentro y fuera de la comunidad, mamá por ser solidaria y recíproca con los vecinos y compadres; y papá porque es un hombre ideal para la comunidad y reconocido albañil. Mi papá siempre ha vivido lejos de la responsabilidad de los hijos, porque se sacrificó como migrante como albañil para complementar con mamá la alimentación, la vestimenta, y la educación de la familia.

Mi madre, a quién debo pedir perdón porque abandoné mi hogar desde muy niña y muchas veces le brindé desobediencia, a quien le agradezco infinitamente por los sabios consejos de madre, que aunque nunca me dijo qué era el sexo, a diario me decía que los hombres son malos, que los hombres engañan, “te dejaran con wawa decía... y cuando seas madre soltera nadie se casará contigo”. Por esos rezos religiosos de cada noche y cada madrugada, por las buenas costumbres que me enseñó desde niña, que debo “saludar a los mayores”, que “no debo ser tan reilona” (porque vayan a creer que soy fácil), por todo lo que mi madre fue y sigue siendo, sólo me queda decir gracias mamá Adela.

En aquellos tiempos para ser buena madre y cumplir con el Mandato de DIOS, se debía tener 12 hijos/as. Cuando, hace 33 años, llegó el día y la hora de que este nuevo ser salga a la luz del mundo (el quinto en la familia, pero no hay quinto malo dicen), luego de 5 días de dolor y sufrimiento, en medio de una pobreza fatal, recostada en una tendida de paja y en la esquina de una casa a medio construir, justo cuando el sol se iba a dormir, como una flor que brota en el jardín, nació esta nueva vida, a quien al instante mismo de su nacimiento le pusieron el nombre de ...(pequeña Lulú).

Entre el dolor y la alegría, cuenta mi madre que no pudo esconder su malestar, porque en aquellos tiempos el nacimiento de una mujer era considerado "desgracia", y ese nuevo ser que nació en esta pareja fue una niña. El malestar no se reflejaba sólo porque nació mujer, sino que para el colmo, además de haber sido un parto extremadamente difícil, era una niña flaca, pero muy flaca y desnutrida, que la partera no garantizaba que viviría. Aunque la pobreza era el pan de cada día, de acuerdo a la costumbre y gracias a la solidaridad de la comunidad, mi madre hizo religiosamente tres meses de dieta. Hasta entonces parece que yo fui dando signos de resistencia a la desnutrición. Pasaron días, meses y años, y cuenta mi madre y mi padre que fui creciendo en un ambiente lleno de pobreza, en donde los buenos principios cristianos, éticos y morales sobrepasaron al fenómeno de la pobreza. Crecí rodeada de las tradiciones, de la cultura, y principalmente del kichwa que se hablaba en la hacienda y en la comunidad. Entre sonrisas, llantos, hambre y ternura recuerdo mi niñez.

Entré a la escuela de suerte, por que si no le iba siguiendo a mamá, de pronto no me ponían en la escuela en ese año. Resulta que era las matrículas en la escuelita de mi comunidad, mamá bajó a matricular y a dejar en la escuela (en ese tiempo se matriculaba el primer día de clases) a Vicente y Gloria mis hermanos. Una vez matriculados, la profesora preguntó a mi mamá ¿y a la chiquita no le va a matricular? mi mami le respondió "no todavía, ella esta muy wawa y es muy pequeña para entrar a la escuela". La profesora le insistió y le dijo vaya a traer la partida de nacimiento para ver la edad; mamá regresó a la casa y como no podía leer, retornó con el documento y cuando la profesora leyó le dijo "7 años ya tiene edad". Sorpresa, sin querer queriendo mamá me dejó en la escuela "Provincia del Cañar de la Comuna Chirinche Bajo, cantón Salcedo provincia de Cotopaxi". No pude desprenderme fácilmente de mamá y me quedé llorando todo el día en la escuela. Llegue a la escuela, con pies descalzos, los pelos pequeños y orquillados me tapaban la cara, una falda larga me cubría hasta los pies.

Durante los seis años de primaria me transformé en la pesadilla de los/las profesores/as, fui demasiada inquieta, traviesa, merlina porque me reía por todo. Algo que mantengo desde niña es la risa, todo me parecía chiste, aún cuando los/las profes me castigaban lloraba un poquito y luego seguía riendo. Las/los profesoras/res nunca me entendieron ni comprendieron mi forma de ser ni mis inquietudes. No sé si se confundían entre lo que es una pregunta con lo que significa respondona, porque el capricho de las/los maestras/os me hicieron que coma un sin número de papeles que se arrancaban del cuaderno, me pegaban con el puntero. Los castigos no era por ruda o por incapacidad, porque luego de seis años de primaria fui abanderada en el año de 1982. Desde el primer grado recuerdo que comencé siendo dirigenta de grado hasta llegar a sexto siempre fui presidenta, secretaria o tesorera. Hasta ahora puedo sentir la alegría cuando me proclamaron abanderada; pero también recién puedo entender el enojo de mamá por esa designación: eso implicaba gastos, pues, aparte de brindar el almuerzo de despedida a los profesores, mamá tuvo que vender un borrego para comprarme una falda y un zapato de siete vidas.

Terminado la primaria a los 13 años, me quedé en la casa con mi familia. Durante un año pasé en la casa y por algunos meses acompañé a papá a trabajar de peona de albañil en Ambato. El consejo final que le dio la profesora a mamá no surtió efecto "Sra. Adela no le desperdiciará a la Lulú, ella es muy inteligente tiene que mandar al Colegio". Mis padres nos dijeron "para las mujeres suficiente la escuelita, a los varones como quiera, aunque fiando vamos hacer estudiar, con ellos no hay ningún peligro, las mujeres primero han de salir con wawas, serán madres solteras pero nunca aprovecharán el estudio. A ustedes les toca aprender cositas de la casa porque ya mismo han de casar y deben saber cuidar y atender al marido....". Resignada por ser mujer me quedé en la casa. A veces pensaba "que desgracia, por qué sería mujer". En la casa teníamos un poco de cuyes y conejos, algunas gallinitas que mamá nos hacía cuidar a nosotras, un día salí a la feria les vendí y comencé a comprar ollitas, cucharas, platos, etc. pensando casarme pronto.

A los 14 años de edad, en contra de mi familia, decidí salir de la casa para asistir al curso de corte y confección (en el centro parroquial) auspiciado por la organización UNOCAM. Los dos años en la academia fui dirigenta del curso. Aquí comencé a transformarme de niña en señorita. Los funcionarios varones de la Dirección de Educación de Cotopaxi me tenían echado el ojo porque siempre me reía. No puedo olvidar el examen de fin de año, un supervisor zonal asistió como delegado de la provincia al examen, todas mis compañeras podían demostrar en el pizarrón el trazo de cualquier prenda de vestir, pero, cuando me tocó el turno el Licenciado me dijo "Srta. "Lulú", ¿puede realizar un trazo que todavía no han hecho sus compañeras? Le contesté, "claro que sí, trazaré un interior de hombre, pero necesito tomarle sus medidas". Ya se pueden imaginar la risa y la sonrojada del público, pero principalmente del Licenciado; como no se atrevió a levantar, tuve que imaginar medidas y demostré el trazo, así ya no me molestó más.

Al entrar a estudiar corte comencé a involucrarme con los dirigentes de la UNOCAM, asistía a las reuniones y después en la cabina de grabación de la organización, haciendo programas, para Radio Latacunga, en donde aprendí a equivocarme y a repetir cuantas veces sea necesaria la grabación. En este proceso a los 16 años, fui elegida Presidenta del Grupo de Mujeres de mi comunidad, luego de unos meses renuncié porque las mujeres mayores no me hacían caso, y la segunda, decidí abandonar el curso de corte, para dejar mi comunidad y viajar a Ambato a trabajar. A los 18 años, busqué un trabajo de niñera y terminé siendo empleada doméstica, aprendí a cocinar muy rico y distinto a lo de mi casa. Yo cocinaba porque sabía que también iba a comer, a veces comía yo primero y más tarde los patrones. A los 19 años, ya no era nada flaca ni moribunda, "no era una bolita de grasa", pero ya estuve “con un cuerpito bien” y como toda mujer me hice reina.

Faltando unos 4 meses para cumplir 19 años, la comunidad, en contra de la voluntad de mis padres, decide que yo la represente en el certamen de reinas de la parroquia Mulalillo, para que la ganadora luego participe a nivel cantonal en las fiestas de Salcedo. Esta propuesta de la comunidad fue uno de los tormentos más grandes de mis padres, ellos no aceptaron el que yo sea reina por el costo económico que implicaba, pero además, porque los reinados no son parte de la comunidad, pero "mis padres tienen la culpa de que yo haya salido así". Consciente que estuve desobedeciendo a mis padres acepté participar en este concurso. Cuando llegó la hora, no supe que hacer porque me faltaba todo. No pude ir a volver de la casa porque mamá ya no me dejaría bajar, así que, a mi hermana menor le pedí que baje con un vestido que cosí yo misma, por ahí pedí un sombrero y un par de zapatos de una amiga, me hice trencitas el pelo, le pedí que el presidente de la comuna, Don Clemente, sea mi caballero y todo estaba listo físicamente. Pero, como me inscribí al ultimo, yo no sabía ni como era de desfilar ni las venias de protocolo, fui la número 15 en orden de presentación, con ver a las 14 ya sabía que hacer.

Ya en la tribuna y frente al público parecería que estuve viviendo un temblor de pura tembladera y nervios. Después de 4 horas de programa, gané el reinado y era la nueva soberana de la parroquia de Mulalillo que debía concursar a nivel cantonal. Ya era más de las dos de la mañana y ahora sí mis padres mínimo me mataban no sólo por llegar a la madrugada, sino por haber ganado el reinado. Cuando llegué mi padre salió muy bravo, por suerte el presidente llevó una botella de trago y habló con mi papá. No pude dormir esa noche porque sabía que a la madrugada sabrán que debo competir a nivel cantonal. Al siguiente día vino a la casa una comisión de la UNOCAM, el teniente Político, el Concejal y otras autoridades para pedir permiso a mis padres. Los dos negaron y me dijeron que "con esta wambra ya no hay que hacer, todos mis hijos son educaditos pero ésta ya no entiende...". Después de una larga conversación la comisión le comenzó a brindar trago a mi papá y le dieron pan, galletas y plátanos a mamá y bueno papá ya embriagado le dijo que no hay problema. Mamá se puso a llorar y dijo "sí ustedes van hacer cargo de los gastos y se responsabilizan de cuidarle a mi hija, vean no más que hacer".

Llegó el 26 de agosto, el día de presentarse a nivel cantonal. Nunca pude asistir a los repasos entre semana, así que otra vez a la ciega. Al rato de los ratos ya estuve en el escenario, hable el Kichwa y no se qué dije. Luego de unas horas y de un sufrimiento psicológico, para suerte o desgracia gané también este concurso y me transformé en la PRIMERA CAMPESINA BONITA DEL CANTON SALCEDO/1989. Para suerte, porque aquí me involucré directamente en las actividades de la UNOCAM y abandoné la ciudad de Ambato para volver a mi comunidad. Para desgracia porque nadie, ni en mi familia ni en mi comunidad, entendía el rompimiento de esquemas culturales para vivir una vida pública, más aún cuando en la cultura de mi comunidad estaba concebida la mujer dentro de un espacio privado: la casa. Vencer todo esto al inicio fue como una desgracia, psicológicamente sufrí mucho hasta que me comprendieran, pues yo como mujer quería demostrar otra forma de vida y de concepciones dentro de los patrones culturales establecidos. En este proceso me comenzó a gustar la vida organizativa y dirigencial.

Durante el reinado, a los 19 años de edad, comencé a estudiar el bachillerato y hasta los 23 años de edad que obtuve mi título bachiller en el Colegio Intercultural Bilingüe Jatari Unancha, trabajé en el programa de la “Red Comunitaria” en donde fui dirigenta provincial de los promotores (tesorera), y desempeñé el cargo de vicepresidenta de la comuna. Desde niña había soñado con ser abogada. Sin embargo, como no tenía quien me ayude económicamente decidí estudiar para "Profesora Primaria", para lo cual comencé a viajar seguido a Quito porque este título me daba la DINEIB.

Cuando estuve a punto de obtener el titulo de profesora, tuve una pelea con mi novio que hasta me hizo los ojos verdes y me dijo "no creerás que yo voy a casarme con una simple profesora, si quieres casarte conmigo y para que mi familia te acepte al menos debes ser licenciada". Así que, empapada de odio a mi enamorado y al mismo tiempo embarrada en lágrimas, me reté a viajar a Quito para intentar estudiar abogacía en la Universidad Central, logré matricularme y posteriormente mientras estudiaba en las tardes logré trabajar durante un año de empleada doméstica. En el segundo año trabajé unos 8 meses en el Hotel Hilton Colon, en cocina y en banquetes... fue una rica experiencia. Con el consejo de amigas y amigos de la Universidad mi autoestima recién cogió raíz a los 25 años de edad y desde entonces el estudio se convirtió en un requisito para valerme por mi misma como mujer, ese orgullo me había entrado en la mente y en el corazón, con ese énfasis, acudí en busca de una beca a la Fundación Hanns Seidel, donde fui becaria. A esta institución le debo mi triunfo hasta alcanzar el Doctorado en Derecho. En pocos meses de ser becaria de esta Fundación tuve la suerte de trabajar desde asistente de oficina hasta coordinadora del departamento de becas.

Pero en estos primeros dos años hay algo que no puedo dejar de contar porque estaría escondiendo parte de mi historia y quizá la más importante. La identidad cultural. Cuando una no está madura, esconde lo que es, una se termina "chinkarishka" (perdida, sin cultura) me dio vergüenza de mi cultura. Boté toda mi vestimenta para ir el primer día a clases, pensé que por ser indígena no me respetarían ni me dejarían entrar a clases. Para muestra basta un botón, "me pinte el pelo de rubia y me puse mini faldas, sandalias de taco, etc....", ya se pueden imaginar como andaba...... Me di cuenta que por más que uno no quiera mostrar lo indígena, mi identidad me seguía como mi propia sombra a donde me iba. Era chistoso, mucha gente se asombraba porque yo usaba mini faldas pero hablaba el kichwa sin ningún temor. Es decir, boté la indumentaria pero no mi lengua materna. Para ser yo misma y volver a valorar la cultura de mi pueblo comencé poniéndome el sombrero, luego la falda de mi zona y finalmente la chalina. Ahora me siento súper bien porque pasé mil peripecias para volver a ser yo misma y me gusta.

En el levantamiento indígena de Junio de 1994, como no había carros a Latacunga, comencé a caminar desde Quito hasta Salcedo para sumarme a la lucha indígena por la reforma agraria. Mientras mucha gente comentaba en el camino que viajan por negocios yo decía que viajo sólo para sumarme al levantamiento indígena. En este levantamiento y por pedido de la gente de Salcedo, por primera vez y en plena ley de emergencia dictada por Sixto Duran Ballen, dialogué frente a frente con el Coronel Rene Yandún, Comandante de la Brigada No. 9 Patria (actual prefecto de Carchi) y con un canal de televisión.

Como mi vida estudiantil era en permanente contacto con el Movimiento Indígena de Cotopaxi, en agosto de 1997 el MICC me elige secretaria para la oficina del diputado indígena de Cotopaxi, Leonidas Iza. Aceptar este trabajo fue un reto porque el Diputado quería “una secretaria ejecutiva", la experiencia en Hanns Seidel me hizo que yo demostrara lo "ejecutiva que podía ser" y trabajé hasta agosto de 1998. Esta experiencia en el Congreso Nacional me animó personalmente. Mientras trabajaba en el congreso, mi estudio seguía y logré graduarme de Licenciada en Ciencias Políticas y Sociales. Decidí estudiar dos años más para el Doctorado, en esas vacaciones gané un concurso para hacer un Diplomado en México. Al regresar de México y volver a clases al quinto año de derecho decidí maduramente retomar mi identidad cultural. En 1999 mientras estudiaba ya el sexto año de derecho, tuve la suerte de pasar a trabar en la CONAIE, como secretaria y luego como asesora jurídica. Desde aquí me relacioné con los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador. Al culminar mis estudios, gané una beca para hacer un postgrado en la FLACSO-Ecuador, me dediqué a tiempo completo y dejé la CONAIE para responder a los requerimientos de la beca. El 28 de marzo del 2001 terminé las clases en la FLACSO; y el 3 de abril del mismo año, luego de cumplir con un proceso de preselección de candidatos en mi organización UNOCAM, en una dura oposición de géneros (hombres y mujeres contra mí) y generaciones fui electa Vicepresidenta del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi "MICC".

Aquí estoy, haciendo historia como la primera mujer vicepresidenta del MICC. No es nada fácil. Desde la práctica diaria debo decir que para ejercer "las más altas dignidades que era sólo para hombres", hay que aguantar, no como los "machos", sino como una verdadera mujer, orgullosa de ser mujer y capaz de responder a la sociedad con capacidad, tolerancia y hechos prácticos y teóricos. Por todo lo que hago, me dicen que manipulo al presidente, tal vez si fuera hombre estaría bien, pero como soy mujer nada está bien. Sin embargo, desde esta dignidad estoy demostrando lo que las mujeres podemos hacer. Según se ve soy la mujer más “cotizada” en la provincia, los indígenas y los no indígenas topan mi nombre en las emisoras, periódicos y hasta me involucran en las encuestas políticas, ya me proyectan a un sin numero de dignidades, pero la decisión final la tomo yo. Otra vez de dirigenta estoy pasando la pobreza, a veces no tengo ni para el bus peor para comer o vestirme, muchos me dicen que como abogada me haría millonaria, pero deben saber que no estudié para sacar plata a los indígenas, sino para decirles que ya no ocupen a los abogados, ni bajen a las ciudades con sus problemas, que arreglen las cosas en la comuna. Esto ha llevado a una reacción fuerte a mis colegas del Colegio de Abogados de Cotopaxi, pero no importa.

No me he casado, sigo soltera, no porque tenga miedo al matrimonio. Muchos creen que para ser dirigentes hay que ser solteras, sin embargo creo que no, pues para todo hay tiempo, mi próximo reto es formar un hogar con un hombre que no sea “ni mi marido ni mi esposo”, sino que sea un compañero para caminar juntos y seguir en este proceso, aunque no sea en la misma actividad, pero que mutuamente respetemos nuestros espacios. Los hombres no son malos como decía mi mamá. Sólo hay que saber elegir y en ese proceso estoy. Todo es un proceso y no me apresuro para nada, pues no por tanto madrugar amanece más temprano. En mi comuna dicen que si una tiene más de 20 años ya se es solterona. Como soltera he logrado que me respeten como mujer. Nunca antes una soltera podía ser madrina ni comadre, pero hoy yo me cansé de contar ahijados. He hecho muchas cosas “prohibidas” para mujeres como emborracharme, pero no por eso dejo de ser mujer; al contrario, todo lo que hago me ha permitido reafirmarme más como una mujer responsable.

Si ahora volviera a nacer me gustaría ser más pobre aún para sacrificarme más todavía por mi bien y por bien de la sociedad. El nacer en la pobreza y ser indígena no es un delito. El delito está en no saber enfrentar a la pobreza, la discriminación y la violencia del sistema, y no saber poner a prueba nuestras capacidades como indígenas. La diferencia no implica inferioridad. La inferioridad si es una diferencia. Si volvería a ser niña me equivocaría mil veces más para tener un presente y un futuro retador. Por todo lo que he pasado, entiendo que todavía falta mucho por hacer en este mundo para y por ello me siento una miniatura, pero como me siento capaz de enfrentar lo que venga soy una miniatura grande, sin rencores, con esperanza, llena de Paz...

Este texto obtuvo los dos primeros premios en el Concurso Mujer Imagen y Testimonio. El Primer Premio Ecuador en el VI Concurso de Historias de Vida, y el Primer Premio Latinoamericano en el II Concurso como mejor Historia de Vida. Cuenca, 24 de Octubre del 2002. Autora del texto: Lourdes Tiban.





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