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Entrevista
Desde PERÚ con ANA TALLADA.
REMTE: Red Latinoamericana de Mujeres Transformando la Economía (Perú).
Forman parte de esta Red colectivos de 10 países:
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador,
México, Perú y Venezuela; en estos confluyen mujeres urbanas y rurales,
organizaciones de base, ONG y académicas involucradas en la construcción
del movimiento feminista.
Sobre políticas públicas de Igualdad en Perú…
En Perú tenemos dos políticas públicas. Por una parte una ley de igualdad
de oportunidades de 2007 y un plan de igualdad que está en pleno proceso.
También tenemos una modificación de un artículo de los presupuestos de
la república. Este es el marco normativo que nos mueve a nivel general.
Se ha incrementado el número de mujeres ministras aunque no hay ley de
paridad. Cinco de 16 ministros son mujeres en Perú. Lo que nosotras (REMTE)
vemos es que, habiendo una ley, los mecanismos de igualdad han perdido
peso: por una parte se habla de que tiene que haber más mujeres en el
poder, por ejemplo la ministra de comercio exterior, pero cuando uno
analiza la aplicabilidad de la ley y analiza cómo se están ejecutando
las leyes, uno se da cuenta de que los planes se han implementado
por las ONGs y los colectivos de las mujeres en las regiones y
después les cuesta que los planes sean efectivos y tengan presupuestos.
Hay como un estancamiento y en el discurso público los temas de mujer
han perdido peso, sólo queda el tema de la violencia. Ahora hay un
debate sobre el voto preferencial. Nosotras creemos que es importante
y estamos con una campaña para que se mantenga.
Hay un sistema de
mecanismos formales por la equidad que no existía hace diez años,
pero si no hay una movilización de mujeres y de incidencia, una
organización que esté permanentemente vigilando al poder, las
cosas no se cumplen. Por ejemplo, hemos logrado que en tres
ocasiones no quitaran el ministerio de la mujer; lo hemos
conseguido por la presión, por las cartas, por llamar la atención.
Pero si uno analiza la estructura de este ministerio se da cuenta
de que le queda el nombre y poco más: quizá una dirección general
de la mujer. Se está perdiendo.
Sobre los logros del movimiento feminista en Perú…
La ley y el plan de igualdad de oportunidades es un logro.
Algunas organizaciones hemos estado luchando exclusivamente
para conseguir estos avances. El otro problema que encontramos
es que en Perú no hay una ley de carrera pública, por lo que
los funcionarios entran y salen dependiendo del gobierno y
cada vez que se van es necesario volver a sensibilizar a los
que entran a trabajar.
Otra cosa que también es compleja es que hay todo un proceso
de reforma del estado y administrativa. Las especialistas en género
no tienen una formación de otro tipo: no están habilitadas para
gestionar las nuevas administraciones. Me sorprende que en España sí
que hay una generación de especialistas en género jóvenes, mujeres
menores de 30 que están trabajando, pero en Perú eso no lo tenemos.
Hay mujeres jóvenes interesadas y formadas y con herramientas técnicas
pero no está transversalizado el género.
Sobre la sociedad civil en Perú…
Nosotras hemos vivido un proceso muy complejo a principios de los
90 con Alberto Fujimori y también veníamos de un periodo de violencia
política muy fuerte en los 80, por lo que las organizaciones políticas
quedaron descabezadas.
El estado fue perdiendo peso a favor del mercado. El proceso de Beijing
nos ayudó a fortalecernos de verdad en el caso del movimiento de mujeres.
Algunos tendieron a especializarse, nosotros formamos REMTE, preocupándonos
por la internacionalización y la globalización. Hay organizaciones que
han entrado a temas muy específicos y cada una empezó a trabajar en su
cubículo, en su sector supertécnico y especializado.
Hicimos una revisión en 2004 del estado de las cosas y, aunque en una parte
de los movimientos si nos mantuvimos articulados, toda esa situación que
expliqué antes sirvió para desmovilizarnos. En los últimos dos años hemos
vuelto a articular la agenda feminista y hemos vuelto a hacer un encuentro
nacional de mujeres después de casi 10 años sin organizarse y pretendemos
celebrar otro a principios de 2009. El tema de la píldora del día después
hizo que nos uniéramos, por ejemplo. Un tema irrumpe en la agenda pública
con fuerza y en esos momentos nos conseguimos articular, pero son momentos
concretos.
Las alianzas han sido momentáneas, pero el movimiento no está permanentemente
unido. Es otra realidad, otra lógica. Se han vuelto a recuperar los lazos de
confianza que es algo muy importante que habíamos perdido. Esta mirada de
una agenda muy feminista, muy centrada en la salud reproductiva y algunas
más metidas en temas económicos.
Sobre la conciencia de participar en la sociedad civil por parte de la mujer peruana…
Perú tiene una tradición ancestral, que viene de los Quechua
y de los Aymara, que consiste en resolver las cuestiones de
manera y al ser un país de mucha pobreza todo se logra en
comunidad: búsqueda del agua, de la comida, la provisión
de los servicios públicos se tienen que luchar y por eso
hay una práctica comunal muy fuerte.
Sí hay actividad comunal, pero en los temas de las mujeres
va por momentos, hay momentos que si consigue suscitar mucho
entusiasmo. El tema de participación politica sí es un tema
que suscita interés. El partido dominante está organizando
pero la izquierda está desarticulada. Hay organización a
través de las iglesias y parroquias, a través de las vecindades,
los jóvenes, los mayores.
Sobre la Economía del Cuidado…
Es importante decir que Perú (y gran parte de los estados
de América Latina) es un país que no tiene un estado de
bienestar. No hay una tradición de sanidad pública. Los
servicios de educación y salud no son universales.
Tienes que demostrar que eres pobrísima para no tener que
pagar un servicio de salud. El acceso a la educación supuestamente
es gratuito, pero los materiales se pagan y no hay acceso real
y es de mala calidad. No es real, es un acceso teórico.
Los grandes “shocks” del Perú hacen que tengamos
un problema de seguridad alimentaria.
En estos tres temas: educación, salud y seguridad alimentaria;
las organizaciones de mujeres suplen lo que debería hacer
un estado en un estado de bienestar. Por ejemplo: tenemos una
epidemia de cólera, que hemos tenido grandes epidemias de
cólera, el servicio de salud no tiene personal para hacer
seguimiento de pacientes y las mujeres son las que hacen
visitas casa por casa, también en el caso de la malaria.
El estado no les paga nada. Son organizaciones autónomas
y estas mujeres cumplen esta tarea. En las ollas populares,
en las organizaciones de “vaso de leche”, comedores populares.
Eso no tiene un reconocimiento por parte del estado,
ya no digo económico, sino reconocimiento. Por ejemplo,
las promotoras de salud llevan diez años luchando para
tener el acceso gratuito a la sanidad.
El cuidado lo realizan las mujeres al interior de la casa,
de forma gratuita y no reconocida, y también lo realizan
las mujeres al exterior de la casa, también de forma gratuita
y también invisible. Si ese aporte se “monetariza”, hablaríamos
de millones de soles y millones de dólares que aportan las
mujeres al PIB del Perú. Las organizaciones de mujeres piden
acceso a las políticas públicas. Quieren ser llamadas a esas
mesas de negociación porque tienen mucho que aportar.
Logramos en 2006 que estuvieran las organizaciones sentadas
y a los municipios en cuestiones de seguridad alimentaria.
Han pasado dos años y no se ha aplicado esa ley.
Ellas lo viven pero no saben que eso tiene un valor económico.
Tienen una demanda cotidiana; la lucha por los alimentos y las
medicinas que hace que no se fijen en lo demás. Por eso
nuestro trabajo es de sensibilización: las valoramos,
les decimos “ustedes están trabajando tanto y esto cuesta tanto,
por eso ustedes pueden exigir tanto a la hora de negociar".
De esta forma las colocas en una posición de mayor igualdad
a la hora de negociar. Nosotros estamos trabajando para que
exista un reconocimiento público de estos trabajos.
Sobre la mujer en la economía formal…
En el caso de microempresas y empresas medianas ha habido un gran
incremento de la presencia femenina, Pero por ejemplo cuando empecé
una investigación sobre microempresas de confección textil yo no tengo
ningún dato que me diga cuantas hay. No hay datos estadísticos con
perspectiva de género. Podemos hacer cálculos y sabemos que son muchas
pero no hay cifras.
Para muchas de las mujeres que empiezan microempresas su éxito conlleva
una ruptura matrimonial. Hay más presencia también en medios y altos
puestos, pero la mujer sigue sin tener presencia en los bancos, pero
tu ves el techo de cristal. Puede haber una pero es como un lunar.
¿Y cuantas de esas mujeres tienen conciencia de género? (de las que
están en altos cargos): muy pocas. El movimiento feminista no ha
sabido articular una estrategia. Nos hemos centrado en las
mujeres profesionales, en las mujeres de base… pero no hemos tenido
una mirada para las mujeres que toman decisiones, para las mujeres
empresarias. No lo hemos hechos y es una tarea pendiente.
Sobre las mujeres indígenas en Perú…
Es una realidad compleja. No pasa como en Bolivia, donde
el movimiento Indígena es muy fuerte, con sus debilidades,
pero está muy organizado. En Perú hay un problema muy serio.
Mucha gente que nosotros llamamos indígenas no se auto-consideran
indígenas sino campesinos. Puede que tú hables Quechua pero
que no te consideres indígena sino campesino porque la identidad
se construyó junto a la idea de “la tierra”. Por eso hay una gran
diferencia entre los de la selva, que sí se consideran indígenas,
y el resto de Indígenas del Perú. La gente de la sierra.
Articular una mirada indígena en el Perú es complicado porque hay
que hacerlo a través de la tierra. Por eso hablar de mujer indígena
es aún más complicado, aunque viven una doble discriminación. Ellas
no se consideran indígenas sino campesinas. Les une el territorio,
el tema del agua, la soberanía alimentaria… pero hay tensiones con los
movimientos feministas. Luchan por sus derechos en la organización
y en su condición de mujer. Las indígenas de la selva son las que ponen
mucha más resistencia a esta separación entre su condición de género
y de indígena.
Las campesinas son más conscientes que las de la selva de la doble
discriminación, pero es un tema muy complejo. Articular a estas
mujeres es muy complicado y no están articuladas por estas
características. Están muy centradas en su propia agenda.
Sobre los objetivos prioritarios de REMTE...
El tema de la globalización, apertura comercial… todos estos temas macros
y qué pasa con las mujeres. Hay una posición muy crítica hacia el
modelo neoliberal. Hay una posición de articulación con movimientos
mixtos muy claros y con movimientos sociales.
El tema del trabajo se trabaja mucho. Tanto el doméstico como las condiciones
de trabajo en la economía formal, pero también hay una crítica sobre como ésta
economía no tiene en cuenta a las mujeres. Estamos trabajando en economía
feminista pero desde la perspectiva de Latinoamérica.
Sobre REMTE…
Estamos articuladas a la marcha mundial de mujeres en el tema de la
soberanía alimentaria. En diciembre tuvimos una reunión para
tratar la militarización de las protestas. El tema del Plan
Colombia, que nos preocupa demasiado. Esa presencia soterrada
de las bases militares. Estos son los temas grandes y es
complejo organizar una agenda con tantos países.
Los foros nos reúnen y las cumbres, porque los movimientos
sociales se reúnen también. Hay actividades que nos unen.
Hay un periodo de creación y formación y de investigación:
qué ha pasado con las mujeres, con el ALCA, tratado de libre comercio,
ahora estamos viendo qué pasa con los tratados de Centroamérica con
la Unión Europea.
Sobre las oportunidades de una niña que nace en Perú…
Es complejo porque es un país con profundas desigualdades.
Una niña que nace en Lima, en un barrio de clases populares
es muy diferente a la de una zona rural. Si vive en zona rural
entrará a la escuela más tarde que un niño. Si es una niña de
zona urbana terminará la escuela y la de zona rural puede
terminar la primaria, pero la cosa cambia en la secundaria;
donde la niña de zona rural abandonará por cualquier
circunstancia en la familia. Hay muchas que acabarán dedicándose
al trabajo doméstico en la ciudad. De las profesionales medias
con carreras técnicas, muchas emigran. En el caso del Perú
han migrado más mujeres que hombres.
En la universidad hay más graduadas que graduados. Otro asunto
es que a cualquier puesto de trabajo que acceda la mujer va
a ganar el 30% menos de sueldo que el varón y para acceder al
puesto de trabajo la mujer tendrá más nivel educativo pero lo
tendrá más difícil. Hay una tendencia a casarse más tarde y
tener hijos más tarde en las mujeres de la ciudad.
En la participación política hay más presencia en los partidos
pero es muy difícil que una mujer acceda al liderazgo de un partido,
sea de derechas o de izquierdas. En Perú hay un partido en el que
ha accedido a la secretaría general una mujer. Los jóvenes de
este partido decían tenemos que romper… pero es muy complicado
para ella ejercer el liderazgo.
Sobre las mujeres con mirada de hombre…
En las actividades muy masculinas, como las de toma de decisiones.
Son mujeres solas. Es esa cuestión de que las mujeres que están
como ministran en el Perú todas son divorciadas pero si analizamos
a los ministros, no es así.
La defensora del pueblo es una mujer pero sin embargo es el típico
caso de mujer soltera, porque la política no les ha permitido
conciliar la vida privada y política. Sí hay machismo en las mujeres
pero, ¿cuánto de culpa tiene la mujer y cuanto el sistema y el hombre?
Cuando mi marido iba a las reuniones del colegio le preguntaban por mi
y esto es una lucha constante. Es una cultura con roles muy diferenciados
y luego no tienen que ver con la realidad.
Me toca lidiar con hombres en mi trabajo constantemente y el liderazgo
nos cuesta mucho, con bromitas. Pueden tener un discurso de izquierdas,
progresista y teóricamente equitativo, pero el liderazgo hay que forzarlo
día a día y cuesta mucho hacerlo. Con mucho tesón.
Sobre la trayectoria de Ana Tallada...
Nací en Argentina y me fuí a Perú con 23 años.
Trabajaba en orientación familiar, yo soy socióloga y
comencé a trabajar con mujeres en tema de salud. A partir de
eso y de ese aprendizaje, esas energías, empecé a decir: acá
hay una cuestión que me interesa realmente. Me fui acercando
a determinados grupos que hacían reflexión sobre el tema.
Mi relación empezó gracias a las mujeres de base.
Hitos han sido: finales de los setenta cuando empezamos a hacer encuentros.
Venían grupos feministas de sectores medios que creaban movimientos de
concienciación, en paralelo, la crisis… fue un periodo de mucha efervescencia.
También principios de los ochenta, un momento de mucha violencia política,
murieron muchas mujeres. Nuestra lideresa, Mollano, un referente internacional,
fue asesinada por Sendero. Algunas por Sendero y otras quién sabe. Muchas
tuvieron que marcharse. Otro hito fue el movimiento pre-Beijing, porque
supuso un esfuerzo grande de organización internacional.
El proceso del Foro Social Mundial es otro hito que nos permite articular
nuestra agenda de mujeres que habíamos perdido con Beijing. En el 2000
nos permite ir al foro y articular una agenda feminista en espacios mixtos.
Ahí empezamos a encontrar nuestros puntos de encuentro: campesinas y trabajadoras.
Sobre la reedición de proceso de Beijing…
No lo creo, por la falta de incidencia y la debilidad de
Naciones Unidas. Los estados han perdido peso frente a la
acción de las transnacionales. El tema de Beijing es complejo
porque tiene que ver con la ONU, el juego internacional y
toda una serie de implicaciones macro.
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