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Situación
Además de la Plataforma de Acción de Beijing, muchos instrumentos
internacionales recogen el derecho de las mujeres a la participación
en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones, incluidas la
Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos
Humanos y la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación
de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW).
La participación igualitaria de mujeres y hombres en la toma de
decisiones no es sólo una exigencia básica de justicia sino también
una condición necesaria para que los intereses de las mujeres sean
incorporados en el espacio político. La participación en la gestión
de los asuntos públicos permite a las mujeres contribuir a redefinir
prioridades, incluyendo en los programas políticos nuevos temas
específicos y enfoques sobre cuestiones generales. Sin la participación
activa de las mujeres y la incorporación de sus conocimientos y experiencias
a todos los niveles del proceso de toma de decisiones, no se podrán conseguir
los objetivos de igualdad, desarrollo y paz.
Pese al reconocimiento del derecho de las mujeres de participar
en la vida política, las desigualdades en el ejercicio del poder
y la adopción de decisiones siguen siendo evidentes y las mujeres
no están representadas en los niveles de formulación de políticas
teniendo escasa influencia sobre las decisiones en las esferas social,
económica y política. Estas desigualdades tienen su origen en el
desequilibrio en las relaciones de poder entre mujeres y hombres. Así
los modos tradicionales de muchos partidos políticos y estructuras
gubernamentales, las actitudes y prácticas discriminatorias hacia las
mujeres, la asunción por parte de éstas de las responsabilidades familiares
y el elevado costo personal y económico que supone aspirar a cargos públicos
y mantenerse en ellos, tiene un papel decisivo a la hora de hacer efectivo
su derecho a la participación política.
La presencia de las mujeres en los niveles más altos de adopción
de decisiones a escala nacional e internacional no ha cambiado
sustancialmente desde la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer.
En enero de 2008, 7 de los 150 jefes de Estado y 8 de los 192
jefes de gobierno eran mujeres; solamente el 16% de los puestos
ministeriales del mundo estaban ocupados por mujeres y 13 países
no tenían mujeres en sus gabinetes. Las mujeres siguen estando en
minoría en los parlamentos nacionales; a nivel mundial, en el mismo
año, los escaños ocupados por mujeres llegaban a un 18%. Las mujeres
siguen insuficientemente representadas sobre todo a nivel de otros
órganos ejecutivos y poco se ha conseguido a nivel de puestos directivos.
Pese a su acceso limitado a las vías tradicionales de poder,
como los órganos de decisión de los partidos políticos, las
organizaciones patronales y los sindicatos, las mujeres han
accedido al poder a través de estructuras alternativas,
particularmente en el sector de organizaciones no gubernamentales
y populares. A través de éstas, las mujeres han podido expresar sus
intereses y preocupaciones e incluirlas en las agendas nacionales,
regionales e internacionales, avanzando hacia la construcción de
nuevas propuestas más cercanas a sus intereses y necesidades.
Pese a ello, ni los gobiernos ni la sociedad en general se benefician
aún plenamente de todos estos aprendizajes y experiencias para su
aplicación en la formulación de políticas, la diplomacia o la negociación.
Es necesario repensar como avanzar hacia la consolidación de la participación
de las mujeres en la toma de decisiones, reconociendo sus formas de organización
para enriquecer el espacio público y permitir que en él se represente toda la
sociedad. Hay que tender, en definitiva, a un cambio en la manera de hacer
política. En palabras de Victoria Camps: “Feminizar a los varones y, por extensión,
a la sociedad, podría significar asimismo transformar la manera de hacer política.
Transformar la dicotomía entre lo público y lo privado, tanto para que la actividad
política sea más compatible con las actividades de la vida privada, como para que
la vida pública suavice algunas de sus formas y manifestaciones”.
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