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El Patriarcado: una estructura invisible.
Puede ser un buen momento para presentar lo que, en última instancia,
subyace o está detrás de todo aquello que aprendemos en las relaciones
familiares, sexuales, sociales, políticas; en la educación que nos forma
o nos deforma desde la escuela, la televisión, la publicidad, los libros,
los cómics; en los diferentes lenguajes: el lenguaje corporal, en el musical,
en la pornografía, en el erotismo, en los silencios, en la palabra, en nuestra
lengua… es decir, en todos los ámbitos de nuestra cultura, esa señora que nos
crea y que a su vez contribuimos a crear, queramos o no.
No en vano desde algunas
filosofías se dice que el ser humano está condenado a tener que hacerse o (yo
añadiría) deshacerse…
En el Congreso Internacional de las Familias, que se realizó este año en
Sevilla, escuchaba con grata sorpresa a Miguel Lorente Acosta, director
del Instituto de Medicina Legal de Granada y, hace ya algunos años, dedicado
también al estudio de la violencia de género, decir delante de mujeres y
hombres del ámbito político, judicial, universitario, representantes de
la ONU, asociaciones de diferentes colores y condición, y ciudadanos y ciudadanas
de a pie, que la causa última de la violencia de género estaba en el Patriarcado y que cualquier otra explicación era simplista o reduccionista (no puedo evitar
el seguir sorprendiéndome cuando encuentro a un hombre hablando con gran
sensibilidad y conocimiento de aquello que en principio parece ser un problema
de mujeres y no de derechos humanos y que, por tanto, atañe a todas y todos).
Este término lo utiliza, por primera vez en la historia, Kate Millett
en su magnífico libro Política sexual, publicado en 1969,
que pretende ser, dicho por la propia autora, “unos cuantos apuntes
hacia una teoría del patriarcado”. Habrán de pasar unos cuantos años
para que esta perspectiva sea incorporada en todos los análisis
mínimamente serios que se hagan desde cualquier ciencia social.
Lo que vulgarmente se llama "machismo" no es más que la punta del
iceberg de toda una organización social profundamente discriminatoria
para con las mujeres, que se ha dado en llamar "patriarcado". Es decir,
que el sistema patriarcal implica mucho más de lo que vulgarmente se
entiende por machismo.
En nuestra sociedad occidental ser machista ha empezado a estar mal visto,
por lo que los mecanismos del patriarcado se han vuelto más sutiles o
solapados y se esconden bajo nuevas justificaciones (aunque en el fondo
son siempre las mismas).
Con esta palabra designamos una estructura social jerárquica,
basada en un conjunto de ideas, prejuicios, costumbres,
instituciones e incluso leyes respecto de las mujeres, por la
que el género masculino domina y oprime al femenino. Quizás
éstos términos (dominar y oprimir) pueden parecer excesivos,
porque suenan a una especie de "conspiración universal" contra
las mujeres. Y si hay una conspiración debería haber unos
conspiradores culpables y, en este caso, no parece que haya
ningún grupo concreto de hombres en alguna parte organizando
y dirigiendo esta conspiración. Pero es que el Patriarcado
es una estructura que está por encima de las personas, aunque
cada persona (hombre o mujer) ponga su granito de arena, mayor
o menor, para que dicha estructura se mantenga.
Al hablar del patriarcado, por tanto, no estamos buscando culpabilidades
ni victimismos, sino tratando de comprender por qué pasan muchas de las
cosas que les pasan a las mujeres y a los hombres. Por otra parte, resaltar
los aspectos negativos de la situación de las mujeres sirve de revulsivo,
para que se vean más claramente y para que, de esa forma, sea más fácil
descubrirlos en la vida diaria. No se trata de ser pesimistas respecto de
la vida y situación actual de las mujeres, ni de creer que todos y todas
estamos en la misma situación: afortunadamente poco a poco se va mejorando
en bastantes aspectos, aunque no tantos como se piensa vulgarmente.
Podemos decir, por un lado, que la sociedad es la suma de las actuaciones
de cada uno de los individuos que la componen; por otro, que las estructuras
sociales influyen en el comportamiento individual, a veces condicionándolo
muy fuertemente. Pues bien, es aquí donde reside la diferencia entre
machismo y patriarcado: mientras que el machismo es una actitud y una conducta
(individual o colectiva), el patriarcado es toda la estructura social en
la que muy diversos factores se entrelazan y refuerzan mutuamente para
hacer posibles las actitudes y conductas machistas: categorías conceptuales,
esquemas de percepción, universo simbólico, leyes, costumbres, instituciones,
organización económica, educación, publicidad, etc.
Algunas manifestaciones externas de la estructura o sistema patriarcal
se han convertido en evidentes para la mayoría de la gente, gracias a
una labor de denuncia continuada por parte de muchas mujeres. Así,
reconocemos las estructuras patriarcales en la discriminación salarial
por causa del género, en la violencia conyugal o en el acoso sexual en
el trabajo. Pero esas manifestaciones externas hay quien piensa que son
cosas y casos puntuales, que están lejos, que en nuestra vida cotidiana
no tienen incidencia.
Sin embargo, el patriarcado aparece hasta en los detalles más nimios de nuestra
vida diaria, porque ha cristalizado en estereotipos que condicionan todos nuestros
comportamientos, tanto de las mujeres como de los hombres. En la estructura o
sistema patriarcal, se asigna a la mujer ese determinado papel social o “rol”
subordinado al hombre, que condiciona la vida entera de las mujeres, del que
les es muy difícil escapar y que es profundamente discriminatorio.
Es complicado resumir los múltiples aspectos bajo los que se manifiesta el patriarcado.
No se sabe por qué, en algún momento de la prehistoria se comenzó a construir este
sistema de dominación de los hombres sobre las mujeres que ha llegado a ser tan
universal (a lo largo del tiempo y en todas las partes del mundo) que mucha gente
piensa que es "natural". Pero igualmente mucha gente pensaba hasta hace relativamente
pocos años (en comparación con la historia de la humanidad) que la esclavitud o la
división jerárquica de la sociedad en clases sociales estancas eran también cosas
"naturales". De ahí la falta de conciencia generalizada, la falta de conceptualización
y divulgación del término "patriarcado".
Las principales manifestaciones del sistema patriarcal se pueden dividir en:
aspectos socio-económicos, aspectos psicológicos
y aspectos culturales, aunque todos están interrelacionados y
se apoyan y refuerzan mutuamente. Estos aspectos pueden ser causas o efectos
del Patriarcado, o las dos cosas a la vez.
Al ser una construcción social, los aspectos más visibles del sistema patriarcal
son MANIFESTACIONES SOCIO-ECONÓMICAS, algunos de ellos son:
-
Falta de independencia económica.
Muchas mujeres son "menores de edad" en lo que se refiere al
dinero y no pueden plantearse vivir por su cuenta, bien por
falta de ingresos, bien porque los ingresos que tienen son
bajos o procedentes de trabajos precarios, inestables o a
tiempo parcial. Un indicador muy expresivo de la falta de
independencia económica de las mujeres es el dato de que,
de todos los créditos (préstamos de dinero) concedidos por
los bancos a personas en todo el mundo en el año 2000,
solamente un 3% fueron para mujeres.
En España, en el año 2003, por ejemplo, de las 16.868.000 personas
que trabajaron con algún tipo de remuneración, 6.538.900. eran
mujeres, lo que supone el 38% de la población ocupada. La tasa
de paro femenina dobla la tasa de paro masculina: 15,64, frente
a 8,13. El 30% de las trabajadoras, es decir, 550.600 mujeres,
son autoempleadas.
-
División del trabajo en general según género.
Esta división hace que las mujeres carguen con todo el trabajo no remunerado
(trabajo doméstico y de cuidado de personas). Solamente el 38% de las mujeres
en edad laboral tenía un trabajo remunerado en el año 2003 (población "ocupada")
y solamente un 10% más (hasta llegar al 48%) estaban apuntadas como desempleadas
buscando activamente empleo. O sea, que la población femenina considerada "activa"
para las estadísticas no pasa del 48% de las mujeres (población "activa" =
"ocupadas" + "desempleadas"); ¿es que el 52% restante no hace nada? Pues no: en
España según María Ángeles Durán, socióloga especialista en asuntos de género,
por cada hora de trabajo remunerado se realizan otras dos horas de trabajo sin
sueldo, y son las mujeres quienes realizan el 80% de estas tareas. Las mujeres,
por tanto, trabajan muchísimo más y cobran muchísimo menos.
-
División del trabajo remunerado según género.
Para las mujeres se reservan los puestos o tareas remuneradas de "bajo perfil"
o de "perfil asistencial". El 76% de los contratos verbales, no sujetos a
derechos, y el 58% de los contratos discontinuos se pactan con mujeres. Sigue
habiendo profesiones "de mujeres" y profesiones "de hombres". Por ejemplo,
poquísimas ingenieras ejerciendo de hecho como tales y muchísimas enfermeras.
-
Expectativas del mundo laboral respecto del comportamiento de
los hombres y de las mujeres.
Los hombres deben tener disponibilidad total de tiempo y mente para con su
trabajo o empresa, lo que implica que detrás de ellos debe estar siempre
"la mujer" para ocuparse de "la casa y los/as niños/as". Las mujeres se
supone siempre que no aspiran a más en el trabajo porque se deben a su
familia y no se plantean otras metas, por lo que se las suele dejar en
puestos, de una u otra forma, secundarios. De esta manera, el mundo de la
empresa se convierte en el principal bastión actual del patriarcado.
A pesar de lo que diga la ley, las estadísticas dicen que los salarios
de las mujeres siguen siendo significativamente más bajos que los de los
hombres, a igual responsabilidad (de 20 a 40% menos).
-
El "techo de cristal".
Aún cuando las mujeres asciendan a las altas jerarquías de la política,
la administración o las empresas, se quedan siempre a un paso de los
niveles reales de decisión o poder ¿Cuántas mujeres hay en los consejos
de administración o en los consejos de dirección de las grandes empresas?
Las que consiguen traspasar ese "techo" son siempre una minoría. Según datos
del 2003, en España
desde 1977, sólo 17 mujeres han sido ministras, frente a 238 ministros.
De los 3.435 gobiernos municipales, el 10% están regidos por una alcaldesa.
-
Consumismo
Desde la adolescencia, las mujeres aprenden a “ir de compras”.
Al principio como pasatiempo, al final como tarea designada
y convertida en hábito. ¿Pero es que no hay otras miles de
maneras de pasar el tiempo? ¡con la cantidad de cosas productivas
que se pueden hacer…! La publicidad va dirigida mayoritariamente
a fomentar el consumismo de las mujeres. Eso sí, las mujeres en
general hacen las compras rutinarias (alimentación, limpieza, ropa
para todos y todas...), ¡total, ya están habituadas! Las compras
“importantes” (realizadas mucho menos a menudo) son realizadas
mayoritariamente por los hombres (el ordenador, el coche,…)
-
Violencia doméstica, acoso sexual y violación.
Aunque éstas prácticas parecen ser cada vez más rechazadas
en nuestra sociedad, sigue habiendo demasiados casos y
todavía una cierta complicidad en algunos sectores de la
población. Así lo atestiguan determinadas sentencias
judiciales que encuentran atenuantes de estos actos en la
"provocación" de una manera de vestir, o determinados apoyos
que han recibido de su partido político cargos públicos
condenados por delito de acoso. En 2003, 164 mujeres sufrieron
tentativa de asesinato a manos de su compañero o ex compañero
sentimental; 64 fueron asesinadas. La violencia doméstica
empieza en el maltrato psicológico en la vida cotidiana.
-
El escandaloso negocio de los cosméticos y la cirugía estética.
No nos referimos aquí a los cuidados normales de higiene o
a una moderada preocupación y ocupación por el aspecto personal.
Lo que es escandaloso es cómo la publicidad y los medios de
comunicación retroalimentan un mercado multimillonario que
se basa en el fomento y la explotación del sentimiento de
inseguridad de las mujeres con su físico y en el tratamiento
de las mujeres como objetos. Esto es tan absurdo que, al
parecer, en el año 2001, en todo el mundo, se gastó muchísimo
más dinero (del orden de tres veces más) en implantes de
senos que en la investigación del Mal de Alzheimer (una forma
de demencia senil).
-
La existencia de la prostitución.
Es otra señal del patriarcado. Aunque exista
algo de prostitución masculina (los "gigolós"),
la prostitución es esencialmente femenina y no
sería posible, entre otras cosas, si: primero, no
existiera la abismal diferencia de poder (y no
sólo económico, sino poder vital) entre hombres
y mujeres; y, segundo, si no se diera la "cosificación"
o reducción de las mujeres a meros objetos sexuales.
Las anteriores manifestaciones sociales del patriarcado
tienen su reflejo a NIVEL PSICOLÓGICO,
algunas de ellas son:
-
Falta de autoestima en las mujeres, inducida
por la educación y el entorno. Una consecuencia de ello son
las enfermedades psicológicas, que padecen mucho más las
mujeres que los hombres, como la anorexia, la bulimia o la
depresión.
-
Falta de expectativas de logro y limitación de los
propios intereses en las mujeres. Como las expectativas
y la confianza que una tenga en sus propias fuerzas son condición
para alcanzar lo que una se proponga y aunque las mujeres en la
actualidad, por lo menos en nuestro mundo, se educan para proponerse
lo que quieran, antes o después tendrán que optar o compatibilizar
sus relaciones afectivas con su carrera. Desde la infancia aprenden
que los/as bebés son cosa de niñas y no de niños (los niños no juegan
con muñecas ¿por qué?), y al jugar con muñecas y ejercitarse desde
su más tierna infancia a hacer de mamaítas y no de papaítos, una vez
sean mayores les harán optar por su familia. Lo han visto en sus madres,
lo han visto en la publicidad, lo han visto por todas partes. Son las
máximas responsables de sus hijos e hijas. Por lo que muchas veces las
mujeres carecen de tiempo y por tanto de estrategias, para investigar
y aprender de las cosas y del mundo y tienden a centrarse exclusivamente
en las relaciones (la otra cara de este aspecto es la incapacidad,
falta de interés y estrategias de muchos hombres para con las
relaciones afectivas interpersonales).
- Sentimiento de miedo e inseguridad física.
Muchas mujeres son más fuertes que muchos hombres y, según las
estadísticas, los hombres sufren muchos más delitos con violencia
que las mujeres; sin embargo, desde pequeñas se mete miedo sólo,
o mucho más, a las mujeres frente a la eventualidad de un ataque
violento (especialmente con el fantasma de la violación), no se
fomenta su educación física y su competitividad, se acrecienta
su debilidad haciéndolas llevar ropa y calzado "a la moda", que
impide moverse con agilidad. En consecuencia, las mujeres en general
viven con más miedos, limitándoles a la hora de salir o de emprender
actividades solas. La otra opción es tener siempre al lado a un hombre
que les acompañe (muchos padres se complacen cuando sus hijas tienen
novio a temprana edad porque así ya tienen protección garantizada,
aunque sea a costa de la autonomía de ellas).
Las manifestaciones del patriarcado en el ÁMBITO CULTURAL
también se hacen notar.
-
La educación reglada (colegios, institutos, universidades)
androcéntrica (centrada en los hombres). Todos los grandes nombres que se
estudian en la historia, la literatura, el arte y la ciencia son hombres;
no se da relevancia a las pocas mujeres que han podido destacar y no se
explican las causas de que haya tan pocas mujeres destacadas, con lo que
se transmite subliminalmente el mensaje de que las mujeres son incapaces o,
al menos lo han sido, y se impide que las nuevas generaciones rompan con
esa idea del inconsciente colectivo. Otras interpretaciones "tienen truco",
por ejemplo cuando en historia se habla del advenimiento del "sufragio universal"
en las democracias occidentales, se está hablando de la generalización del
voto a todos los hombres mayores de edad; ¿se explica que lo que se dió por
llamar "sufragio universal" impedía votar al 51% de la población, es decir,
las mujeres? ¿Se explica acto seguido el movimiento sufragista protagonizado
fundamentalmente por mujeres que hizo posible el voto de las mujeres en
todos los países? Otro ejemplo: cuando se estudian los movimientos sociales
de los s.XIX y XX no aparece el movimiento feminista por ningún lado, como
si no hubiera sido uno de los movimientos determinantes del cambio social
en esos siglos.
-
El funcionamiento y la estructura de las familias. De
las 319.800 familias monoparentales españolas, 286.800 están a cargo
de una mujer (¿no se deberían llamar monomarentales?). De éstas, el
90% tiene menos de 45 años y dos hijos/as. Las mujeres dedican 7 horas
y 22 minutos a las tareas domésticas un fin de semana, mientras que el
hombre emplea 3 horas y 10 minutos. Son datos del año 2003. Los hijos y
las hijas tienden a aprender y reproducir los roles que ven en sus
progenitores; sería bueno que las nuevas generaciones de chicas y
chicos sean (en algunos casos ya lo son) conscientes de ello y
poco a poco vayan rompiendo con los roles de la familia tradicional
que ha supuesto y supone tanta desigualdad, aunque sólo fuera por
variar un poco... a mejor.
-
Transmisión y fomento de los estereotipos por los medios de
comunicación y la publicidad. La publicidad va dirigida
fundamentalmente a las mujeres, a las que refuerza en su papel de
encargadas del trabajo doméstico y de objetos sexuales,
retroalimentando su insatisfacción con el propio cuerpo. Toda una
nube de programas y prensa "rosa" o "especial para ti, mujer"
(dirigidos a las mujeres), así como los programas y la prensa
"deportiva", y la pornografía (dirigidos exclusivamente a los
varones) contribuyen igualmente a la transmisión y fomento de
los estereotipos femenino y masculino.
-
La ciencia, las artes y las letras. Aunque se tiende a
pensar que estas manifestaciones culturales son neutras o asépticas en
términos de género, también están impregnadas de valores masculinos y
colaboran en la transmisión y fomento de los estereotipos de género.
Un ejemplo: Francis Bacon, siglo XVII, considerado como uno de los
fundadores de la ciencia moderna, en su obra El nacimiento masculino
del tiempo dice así: “la ciencia anterior representaba solamente
un vástago femenino, pasivo, débil, expectante, pero ahora ha nacido
un hijo varón, activo, viril, generativo”. “Establezcamos un maridaje
casto y legal entre Mente y Naturaleza. La Naturaleza va a ser la novia,
la que requiere ser dominada, conformada y sometida por la mente del
científico”. Este fue el impulso científico en su nacimiento. Efectivamente,
se ha dominado a la Naturaleza como Francis Bacon quería pero ¿a qué precio?
Hemos puesto en peligro la supervivencia del planeta por ese deseo. ¿No es
cierto que detrás de muchas mujeres asesinadas está el deseo de sus parejas
de dominarlas? Otras muchas sobreviven sometidas.
-
La religión. Las religiones, como manifestaciones culturales,
contribuyen a mantener todos los prejuicios misóginos y la idea de la mujer
siempre dependiente y subordinada al hombre, a través de su influencia en
nuestro imaginario colectivo (incluso con una imagen masculina de Dios o
de los dioses) y a través de las propias estructuras de poder, tanto de las
iglesias cristianas, en España, en particular, la Católica, como de las
grandes religiones en general.
-
Los esquemas de percepción y el universo simbólico.
La psicología, la antropología y la sociología actuales están de
acuerdo en que vemos el mundo a través de una serie de “categorías”
conceptuales y esquemas de percepción que nos sirven para estructurar
la realidad. Igualmente el universo simbólico (las asociaciones que
hacemos de determinadas imágenes, palabras y conceptos) determina
nuestra percepción y comprensión de lo que nos rodea. Pues bien,
tanto los esquemas de percepción y las categorías conceptuales
como nuestro orden simbólico identifican el mundo del hombre con
el mundo en sí, por lo que el universo masculino se asienta en
nuestra mente como algo invisible o neutro. Lo típico del mundo
dominante es que logra hacer que se reconozca inconscientemente
como universal su manera de ser particular. A esto se denomina
“androcentrismo” que no es más que la consideración de que los
valores masculinos son únicos y universales, en detrimento de
los valores femeninos. En antropología cultural, a este
planteamiento se llama “etnocentrismo” y está totalmente
desechado (etnocentrismo: consideración de que los valores
de la propia cultura son únicos y universales).
El sexismo de nuestro orden conceptual y simbólico se manifiesta
especialmente en el lenguaje. Mucha gente se burla de
esto y dice que, por ejemplo, es una tontería lo de usar el
"los/as" o l@s, o usar el plural femenino como genérico.
Sin embargo, el lenguaje conforma nuestra manera de pensar
y de ser, somos lo que de alguna manera podemos nombrar.
Lo que no se nombra, no existe, o se ignora, o no se tiene
en cuenta, o se da por supuesto, lo que en referencia a
las personas, puede ser sangrante.
Los diferentes elementos que conforman el patriarcado son
como piezas de un complicado puzzle. Cuando tenemos delante
un puzzle complicado ocurre que, algunas piezas, por sí solas,
no nos dicen nada, no podemos, en principio, encontrar su sitio
y, por tanto, su significado. Otras piezas, por el contrario,
tienen más significado debido a que lo que representan está
expresado en ellas mismas.
Tanto unas como otras adquieren su máximo sentido en su
relación con las otras, cuando todas las piezas encajan.
El rompecabezas deja de ser tal para convertirse en un
universo con sentido, con significado. Lo extraordinario
de las piezas que conforman el rompecabezas del mundo
es que las piezas han ido cambiando a lo largo de la
historia, de nuestra historia. Si han ido cambiando
pueden seguir cambiando… esperemos que a mejor.
Marisa Montero García-Celay
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