El agua potable y el saneamiento son una necesidad y un derecho humano fundamental.
Paloma Lafuente, voluntaria del grupo virtual de la campaña, reflexiona en su artículo
de opinión agua y saneamiento: cuestión de género, cómo frente a la crisis del agua y
saneamiento, la población más afectada son mujeres y niñas. Ellas son quienes enfrentan
en su vida cotidiana los obstáculos para acceder al agua potable y a un adecuado saneamiento
y quienes resuelven esta necesidad familiar, al ser las responsables de su gestión en el
ámbito doméstico y comunitario. Por otro lado, el agua está estrechamente vinculada con
el trabajo cotidiano que se les asigna por su posición de género en el interior de sus hogares:
las horas dedicadas al mantenimiento del hogar, la salud, el cuidado de los familiares y a la
recogida del agua, afecta al tiempo que disponen para otras actividades productivas, de educación
y ocio; limitando de esta manera su calidad de vida y oportunidades de desarrollo.
Agua y saneamiento: cuestión de género
En un mundo marcado por conflictos globales sin resolver,
guerras en continuo avance y terrorismo constante, hablar
de crisis de agua y saneamiento vende poco. La realidad
es contundente al igual que las cifras: 1.100 millones de
habitantes de países en desarrollo carecen de un acceso
adecuado al agua y 2.600 millones no disponen de servicios
básicos de saneamiento(1).
La población con menos recursos materiales,
sociales y culturales de los países de Sur es la más afectada,
siendo las mujeres el mayor porcentaje al quedar excluidas del
acceso al agua y a un adecuado saneamiento. Además, mujeres y niñas
dedican muchas más horas a recoger agua, afectando el tiempo de que
disponen para otras actividades productivas, principalmente, para ir
a la escuela. Contar con un adecuado saneamiento no sólo reduce el
contagio de enfermedades provocadas por la falta de higiene, sino que
mejora la asistencia de las niñas a clase, aumentando la alfabetización
y desarrollo futuros.
1.100 millones de habitantes de países en desarrollo carecen de un acceso
adecuado al agua. Este dato muestra la alarmante realidad de millones de
personas que se ven privados a diario de este bien fundamental. Pero el
problema no es tanto la escasez de agua como la dificultad de acceso a ella.
Dicho bien, considerado como de primera necesidad y al que todos y todas
tenemos acceso público, es un lujo para una gran parte de la población mundial.
En el caso del saneamiento, casi una utopía.
El acceso al agua rige una serie de mecanismos donde se ven implicados un gran
número de actores. Los hogares privados de activos y oportunidades esenciales
(principalmente del África Subsahariana, Asia y Latinoamérica) son los más
afectados ya que se encuentran inmersos dentro del “juego” de intermediarios
y suministradores que hacen negocio como vendedores entre el servicio público y
los hogares. Las consecuencias son el alto coste de los servicios, que incrementa
el precio final de lo que pagan estos hogares por metro cúbico de agua frente a
los hogares de ingresos más altos, que cuentan con un acceso al servicio público
de agua y saneamiento más justo y adecuado.
Paralelamente, en las zonas rurales la problemática es distinta. Las fuentes de
agua se encuentran lejos de los hogares y la recolección y transporte dificultan
la vida de las personas carentes de recursos básicos. Las encargadas de este duro
trabajo son mayoritariamente las mujeres y las niñas. Las horas dedicadas a la
recolección de agua impide a éstas acudir a la escuela, lo que perjudica su educación
y futuro y explica las desigualdades de género. Un ejemplo muy ilustrativo se describe
en el Informe 2006 sobre Desarrollo Humano del PNUD: “En Tanzania, los niveles de
asistencia escolar son un 12% más elevados entre las niñas que viven a 15 minutos o
menos de una fuente de agua que entre aquéllas que viven a una hora o más”.
Las mujeres, responsables del hogar y de los hijos e hijas, necesitan acceder al agua
(para cocinar, lavar la ropa, cuidar de los parientes enfermos, de los bebés.). Las
horas que podrían dedicar a otras labores productivas, al desarrollo de un negocio o
a su tiempo libre, incrementaría su calidad de vida y a largo plazo sus oportunidades
de desarrollo.
Tal y como demuestra el informe desarrollado por UNICEF y la OMS(2) cuando habla de
alcanzar el objetivo nº 3 de: “Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía
de la mujer: "La mejora del suministro de agua permite acortar el tiempo que emplean
las mujeres en tareas relacionadas con la salud y los cuidados familiares y les da más
tiempo para actividades productivas, de educación de adultos y de ocio”.
Pero si de algo no se benefician las mujeres en los países en desarrollo es de un adecuado
saneamiento. No podemos olvidar que la cifra del déficit de saneamiento es mucho mayor que
la del acceso al agua, siendo 2.600 millones de habitantes de países en desarrollo los que
no disponen de un servicio básico de saneamiento.
A simple vista podría parecer un servicio público menos necesario que disponer de agua potable,
sin embargo, son muchas las enfermedades que padecen los y las habitantes del sur y que se
relacionan con un suministro inadecuado del saneamiento; tales enfermedades son las consecuencias
de la ausencia de letrinas, letrinas en mal estado o el inadecuado tratamiento de las aguas
residuales, entre otras.
Mejorar el saneamiento no sólo repercute, como hemos dicho, en el beneficio de los hogares y,
por tanto, de la comunidad, sino que muy especialmente en las más afectadas por la ausencia de
éste que son las mujeres y las niñas. La ausencia y déficit de saneamiento está muy relacionado
con la pérdida de la dignidad como personas.
Y es que todas las personas deben tener sus necesidades básicas resueltas y, en el caso de las
mujeres, la pérdida de esa falta de dignidad está asociada a la falta de privacidad y acceso
inadecuado, de ahí que valoren muy por encima de los hombres contar con saneamiento en los hogares.
Según el PNUD: “Para millones de mujeres de todo el mundo, el acceso inadecuado al saneamiento
es motivo de verguenza, incomodidad física e inseguridad”. En cuanto a las niñas, un saneamiento
insuficiente o la falta de letrinas separadas en la pubertad hace que abandonen la escuela por
falta de privacidad y seguridad.
Como ocurría con el tema del agua, existen numerosas barreras que chocan con la necesidad de
crear unas adecuadas infraestructuras sanitarias e higiénicas. El problema, como siempre,
parece estar en la falta de consenso entre las instituciones, profundamente fragmentadas y débiles,
en la ausencia de una planificación por parte de gobiernos en temas de higiene y salud, así como en
la obligación moral de implantación pública de sistemas sanitarios. Está claro que la percepción y
sensibilidad que se tenga hacia estos temas marcará la agenda por parte de las autoridades.
Como hemos visto, las mujeres, la mayor parte de las veces, no pueden expresar su opinión ni puede
participar de los procesos de cambio de la comunidad, por lo tanto, es más difícil que pueda influir
en las decisiones y demandas.
A medida que las mujeres vayan teniendo más voz en estos procesos y se implique en la toma de
decisiones de los gobiernos locales, más cambiará la percepción de lo necesario de estas políticas
sanitarias por parte de las instituciones públicas. En este proceso, las mujeres, como en muchos
otros, tienen mucho que decir.
Paloma Lafuente
Voluntaria del grupo virtual de la Campaña “Muévete
por la Igualdad. Es de justicia”
26 agosto 2008
(1) PNUD. Informe sobre Desarrollo Humano 2006.
“Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua”.
(2) UNICEF/OMS. Alcanzar los Objetivos de desarrollo del milenio en materia
de agua potable y saneamiento. Evaluación a mitad de período de los progresos
realizados. (Programa conjunto de vigilancia del abastecimiento de agua y
saneamiento). 2004.
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