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¿Qué tipo
de sociedad queremos?
El fin de semana del 8
y 9 de marzo deberíamos marcarlo especialmente
en el calendario. Por un lado, en España
se celebrarán elecciones generales que
determinarán el rumbo político
de los próximos cuatro años; por
otro, se conmemorará el día Internacional
de la Mujer, momento en el que miles de mujeres
de todo el mundo denuncian la discriminación
que sufre la mitad de la población, recuerdan
que los derechos humanos no son sólo de
los hombres y visibilizan la lucha que se está
llevando a cabo para cambiar esta situación.
Desgraciadamente, en España en estos días
hemos sufrido el asesinato en menos de 24 horas
de 4 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas,
lo que nos recuerda que el camino que aún
nos queda por recorrer aún es muy largo.
En muchos países, la participación
política de las mujeres queda anulada
o limitada por las leyes y/o por las trabas que
los sistemas culturales imponen (analfabetismo,
falta de recursos económicos, falta de
conciliación, incapacitación legal
para la toma de decisiones...). Sin embargo,
cada vez más, las mujeres son conscientes
de la importancia de estar en los espacios de
toma de decisiones y no delegar sus reivindicaciones
en los hombres, pese a que compartan una misma
ideología, porque saben que sus inquietudes
suelen diferir con frecuencia de las de sus socios
de partido. Por ello, en muchos países
se han comenzado a aplicar sistemas de cuotas,
lo que implica que un determinado porcentaje
de los puestos a diferentes niveles en los órganos
de gobierno, tienen que estar ocupados por mujeres.
Un ejemplo de ello es Mozambique, país
en el que se ha aprobado una ley por la que el
30% de los puestos de toma de decisiones tienen
que estar ocupados por mujeres. Este sistema
ya ha tenido sus primeros frutos con la aprobación
de la ley de familia que amplia los derechos
de las mujeres y la pronta aprobación
de la ley contra la violencia de género.
Iniciativas como ésta las podemos encontrar
a lo largo de todo el mundo y una pequeña
revisión de los datos nos permite ver
fácilmente qué países están
a la cabeza de la igualdad en la representación.
Pero la importancia de los datos no es otra que
la de garantizar una mayor atención de
los gobiernos a los problemas que afectan y preocupan
a las mujeres. En Sudáfrica, existen presupuestos
con perspectiva de género y se aseguran
recursos para el empoderamiento y desarrollo
de las mujeres y en Ruanda -país con un
48.8% de representación de mujeres en
el Parlamento- se dedican grandes esfuerzos a
fomentar su trabajo en red e incluso se ha logrado
la revocación de la ley que les prohibía
heredar tierras.
A lo largo de todo el mundo podemos encontrar
ejemplos similares en los que las mujeres se
organizan y tienen claras sus prioridades: reducir
la violencia de género, tener acceso a
la educación, estar en los puestos de
toma de decisiones y, en definitiva, hacer valer
sus derechos. Derechos que día a día
son vulnerados con total impunidad debido a culturas
discriminatorias, a la fuerza de las costumbres
y a estados consentidores que miran hacia otro
lado, amparados por el desconocimiento que muchas
mujeres tienen de sus derechos.
Lamentablemente en esta lucha aún nos
queda una asignatura pendiente, la incorporación
de los hombres para lograr la igualdad de un
modo activo. Es cierto, que cada vez son más
los que rechazan la violencia de género
y apoyan acciones encaminadas a disminuir la
brecha existente entre los dos sexos pero aún
son muy pocos los hombres proactivos que sienten
una sociedad que les beneficia como injusta.
Suelen unirse en grupos en los que cuestionan
los roles de género y buscan vías
para ir creando un mundo más justo. Estos
son los hombres que van dando forma a un movimiento
pequeño pero cada día más
fuerte, el masculinismo.
Muchas personas se preguntan ¿qué
ganan los hombres que se involucran en la lucha
contra la discriminación? En un mundo
en el que las ganancias sólo se valoran
si son materiales, es difícil explicar
que en este caso lo que cuentan son los principios
y el tipo de persona que quieres ser. ¿Qué
ganamos fomentando relaciones comerciales justas
entre el Norte y el Sur? ¿e implicándonos
en la erradicación de la pobreza?¿y
luchando por estar en una relación de
igualdad con mi pareja?... todas estas preguntas
se resumen con una sola: ¿qué tipo
de sociedad queremos?
Por el momento, las respuestas masivas siguen
siendo las de la utilización de la fuerza
y el poder pero cada vez se oyen más voces
que reclaman la necesidad de un mundo más
justo, en el que hombres y mujeres, Norte y Sur…
disfruten de los mismos derechos. Desde la campaña
“Muévete por la igualdad. Es de
justicia”, animamos a la opinión
pública a preguntarse qué tipo
de sociedad quiere construir y a luchar día
a día por un mundo más justo. Somos
conscientes de que podemos cambiar las cosas
y de que todos los días deberían
ser 8 de marzo.
Silvia Altolaguirre
Coordinadora de la Campaña “Muévete
por la Igualdad. Es de justicia” integrada
por Ayuda en Acción, InteRed y Entreculturas
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